sábado, 14 de febrero de 2026

 

Hamnet o el sacrificio del poeta

                                                                          Dalisur99@yahoo.com.mx



De Chloe Zhao

Chloe Zhao es una de las directoras de cine más aclamadas de toda la industria. El fulgor publicitario que la rodea, no es sólo un gancho de la parafernalia del comercio estético contemporáneo, sino una artista meticulosa, que cuida cada uno de los detalles en sus obras, que por lo demás, también calan en el gran público.  

Como una obsesión personal, esta obra basada en la novela de Maggie O´Farrell, la directora se adentra en la relación que establece Agnes o la Anne Hataway real, esposa del Shakespeare, con la naturaleza, los ritmos, el paso del tiempo, el pantano, el halcón, la vida y la muerte como parte de una simbiosis cultura-naturaleza en la que estamos envueltos todos los seres vivos. Por eso, la inmortalidad que dejan las palabras sobre la memoria de los hombres trasciende la corrosión que el paso de los años deja en la vida humana. La tragedia. La absolución y condena de los sentimientos como cargas permanentes que nos salvan, pero también nos condenan son la expresión de que la muerte es solo un concepto y que el arte objetivado en metáforas trasciende la materia.

Hamlet es el dolor de un padre por la muerte de su hijo, un día, uno de tantos que ha sabido ignorar el sufrimiento por la entrega incondicional a la belleza de la poesía que escenificó en los grandes teatros de Strafford. Estamos destinados a escenificar nuestras vidas que se van convirtiendo en las ideas de un poeta. En Shakespeare, el mundo es belleza, es traición, es melancólica agonía que representa a todos y cada uno de los hombres consignados a través de unos cuantos personajes de un dramaturgo.  Mientras existan las palabras inmortales del príncipe danés no habrá más personas muertas en el anonimato.

El sacrificio del poeta es el vuelo del halcón que se posa en el guante de su amo. Zhao nos adentra en la oscuridad de la historia como una incursión en el infierno para expiar el pecado de ser hombres. La claridad de la poesía rescata a los condenados del pozo profundo que nos envuelve desde antes de nacer. El dolor sentido  y representado por la fantástica Jessie Buckley,actriz irlandesa, por la muerte de uno de sus hijos es el precio que tuvieron que pagar Agnes Shakespeare. La obra es el conjunto de experiencias que ya se encuentran en la realidad cotidiana y que implosiona con la energía de un fauno.

La directora va hilvanando la historia de modo progresivo, primero construye un ambiente emocional, con dos personajes que están hechos el uno para el otro y que van hilvanando una historia de amor inevitable, trágica, angustiante. Después, entre la oposición y la aceptación se engarzan los familiares de ambos, en la que se observan claramente las normas de clase, la moral hecha devoradora de emociones que sin embargo afloran por intermedio de los acontecimientos que se desencadenan solos. Finalmente, la tragedia de la escritura toma vuelo para capturar la tragedia de un hombre y una mujer del siglo XVI. Ese epílogo suena, se ve, transcurre glorioso, busca darse forma por la alegría de las letras que un poeta deja salir porque su fuerza es inaplazable, incontenible, sale para saciar la insatisfacción de Hataway, de Shakespeare.

Y el bucle poético retorna a la vida a través de la hermosa poesía que constituye la tragedia de Hamlet. El niño sacrificado por la existencia y magistralmente consignado en las páginas de un papel por uno de los más grandes escritores de todos los tiempos.

Chloe Zhao demuestra su misticismo, su meticulosidad para contarnos historias que todos conocemos pero que no vemos de distinto modo. Muestra el misterio detrás de la vida. Lo sobrenatural nos habla al oído, cuando Agnes deambula por los bosques ingleses como un ave salvaje que se hace amiga de un halcón que sólo agrada a ella misma y al profesor de latín. Como hija de una bruja, según cuenta las matronas de la villa, sus poderes son tan fuertes que atraen la atención de un muchacho sui generis. Se ve también en la trasposición de una vida por otra, ad portas de la oscuridad, la una, y en su regreso de ella hacia la luz, la otra. Nos lo muestra en la oscuridad del bosque y en las reuniones familiares a la luz de una vela que se encuentra, luego de las desapariciones forzadas del padre, por la necesidad de sacar todo ese talento poético que Agnes ha descubierto y que la hace renunciar parcialmente a su amado.  En los símbolos que descorren por la casa y sus alrededores como el agua que se adentra por los intersticios de las puertas y el suelo y en el atavismo de la reproducción femenina que está hecho para darle paso a la poesía de la realidad. En la tragedia que representa la muerte para un niño, que la directora escenifica al final de la película en secuencias cinematográficas que ofrecen la redención para el sufrimiento de Anne Hataway, la sufrida esposa de un hombre que no nació para la familia restringida, sino que tuvo que padecer, a través de ella todos los desafueros de la vida para sacrificarse en pos de la humanidad, a la que legó varias de las obras más hermosas jamás creada por el hombre. Shakespeare es un amanuense. Zhao es una esteta original. Que cuida los detalles como cuidando las palabras del poeta. Le rinde un gran homenaje a aquel. La película es una larga sucesión de momentos oscuros, de pequeñas tragedias que construyen esta obra fílmica que lejos de los críticos que la catalogan como porno miseria, es una de las buenas películas del año.