Hamnet o el sacrificio del poeta
Dalisur99@yahoo.com.mx
De Chloe Zhao
Chloe Zhao es una de las directoras de cine más aclamadas de toda la
industria. El fulgor publicitario que la rodea, no es sólo un gancho de la parafernalia
del comercio estético contemporáneo, sino una artista meticulosa, que cuida
cada uno de los detalles en sus obras, que por lo demás, también calan en el
gran público.
Como una obsesión personal, esta obra basada en la novela de Maggie
O´Farrell, la directora se adentra en la relación que establece Agnes o la Anne
Hataway real, esposa del Shakespeare, con la naturaleza, los ritmos, el paso
del tiempo, el pantano, el halcón, la vida y la muerte como parte de una simbiosis
cultura-naturaleza en la que estamos envueltos todos los seres vivos. Por eso,
la inmortalidad que dejan las palabras sobre la memoria de los hombres
trasciende la corrosión que el paso de los años deja en la vida humana. La
tragedia. La absolución y condena de los sentimientos como cargas permanentes
que nos salvan, pero también nos condenan son la expresión de que la muerte es
solo un concepto y que el arte objetivado en metáforas trasciende la materia.
Hamlet es el dolor de un padre por la muerte de su hijo, un día, uno de
tantos que ha sabido ignorar el sufrimiento por la entrega incondicional a la belleza
de la poesía que escenificó en los grandes teatros de Strafford. Estamos
destinados a escenificar nuestras vidas que se van convirtiendo en las ideas de
un poeta. En Shakespeare, el mundo es belleza, es traición, es melancólica
agonía que representa a todos y cada uno de los hombres consignados a través de
unos cuantos personajes de un dramaturgo. Mientras existan las palabras inmortales del
príncipe danés no habrá más personas muertas en el anonimato.
El sacrificio del poeta es el vuelo del halcón que se posa en el guante de su
amo. Zhao nos adentra en la oscuridad de la historia como una incursión en el
infierno para expiar el pecado de ser hombres. La claridad de la poesía rescata
a los condenados del pozo profundo que nos envuelve desde antes de nacer. El dolor
sentido y representado por la fantástica
Jessie Buckley,actriz irlandesa, por la muerte de uno de sus hijos es el precio
que tuvieron que pagar Agnes Shakespeare. La obra es el conjunto de experiencias
que ya se encuentran en la realidad cotidiana y que implosiona con la energía
de un fauno.
La directora va hilvanando la historia de modo progresivo, primero
construye un ambiente emocional, con dos personajes que están hechos el uno
para el otro y que van hilvanando una historia de amor inevitable, trágica,
angustiante. Después, entre la oposición y la aceptación se engarzan los familiares
de ambos, en la que se observan claramente las normas de clase, la moral hecha
devoradora de emociones que sin embargo afloran por intermedio de los acontecimientos
que se desencadenan solos. Finalmente, la tragedia de la escritura toma vuelo
para capturar la tragedia de un hombre y una mujer del siglo XVI. Ese epílogo
suena, se ve, transcurre glorioso, busca darse forma por la alegría de las
letras que un poeta deja salir porque su fuerza es inaplazable, incontenible,
sale para saciar la insatisfacción de Hataway, de Shakespeare.
Y el bucle poético retorna a la vida a través de la hermosa poesía que constituye
la tragedia de Hamlet. El niño sacrificado por la existencia y magistralmente
consignado en las páginas de un papel por uno de los más grandes escritores de
todos los tiempos.
Chloe Zhao demuestra su misticismo, su meticulosidad para contarnos
historias que todos conocemos pero que no vemos de distinto modo. Muestra el
misterio detrás de la vida. Lo sobrenatural nos habla al oído, cuando Agnes
deambula por los bosques ingleses como un ave salvaje que se hace amiga de un
halcón que sólo agrada a ella misma y al profesor de latín. Como hija de una bruja,
según cuenta las matronas de la villa, sus poderes son tan fuertes que atraen
la atención de un muchacho sui generis. Se ve también en la trasposición
de una vida por otra, ad portas de la oscuridad, la una, y en su regreso
de ella hacia la luz, la otra. Nos lo muestra en la oscuridad del bosque y en
las reuniones familiares a la luz de una vela que se encuentra, luego de las desapariciones
forzadas del padre, por la necesidad de sacar todo ese talento poético que
Agnes ha descubierto y que la hace renunciar parcialmente a su amado. En los símbolos que descorren por la casa y
sus alrededores como el agua que se adentra por los intersticios de las puertas
y el suelo y en el atavismo de la reproducción femenina que está hecho para
darle paso a la poesía de la realidad. En la tragedia que representa la muerte
para un niño, que la directora escenifica al final de la película en secuencias
cinematográficas que ofrecen la redención para el sufrimiento de Anne Hataway,
la sufrida esposa de un hombre que no nació para la familia restringida, sino
que tuvo que padecer, a través de ella todos los desafueros de la vida para sacrificarse
en pos de la humanidad, a la que legó varias de las obras más hermosas jamás
creada por el hombre. Shakespeare es un amanuense. Zhao es una esteta original.
Que cuida los detalles como cuidando las palabras del poeta. Le rinde un gran homenaje
a aquel. La película es una larga sucesión de momentos oscuros, de pequeñas
tragedias que construyen esta obra fílmica que lejos de los críticos que la catalogan
como porno miseria, es una de las buenas películas del año.
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