sábado, 14 de febrero de 2026

 

Hamnet o el sacrificio del poeta

                                                                          Dalisur99@yahoo.com.mx



De Chloe Zhao

Chloe Zhao es una de las directoras de cine más aclamadas de toda la industria. El fulgor publicitario que la rodea, no es sólo un gancho de la parafernalia del comercio estético contemporáneo, sino una artista meticulosa, que cuida cada uno de los detalles en sus obras, que por lo demás, también calan en el gran público.  

Como una obsesión personal, esta obra basada en la novela de Maggie O´Farrell, la directora se adentra en la relación que establece Agnes o la Anne Hataway real, esposa del Shakespeare, con la naturaleza, los ritmos, el paso del tiempo, el pantano, el halcón, la vida y la muerte como parte de una simbiosis cultura-naturaleza en la que estamos envueltos todos los seres vivos. Por eso, la inmortalidad que dejan las palabras sobre la memoria de los hombres trasciende la corrosión que el paso de los años deja en la vida humana. La tragedia. La absolución y condena de los sentimientos como cargas permanentes que nos salvan, pero también nos condenan son la expresión de que la muerte es solo un concepto y que el arte objetivado en metáforas trasciende la materia.

Hamlet es el dolor de un padre por la muerte de su hijo, un día, uno de tantos que ha sabido ignorar el sufrimiento por la entrega incondicional a la belleza de la poesía que escenificó en los grandes teatros de Strafford. Estamos destinados a escenificar nuestras vidas que se van convirtiendo en las ideas de un poeta. En Shakespeare, el mundo es belleza, es traición, es melancólica agonía que representa a todos y cada uno de los hombres consignados a través de unos cuantos personajes de un dramaturgo.  Mientras existan las palabras inmortales del príncipe danés no habrá más personas muertas en el anonimato.

El sacrificio del poeta es el vuelo del halcón que se posa en el guante de su amo. Zhao nos adentra en la oscuridad de la historia como una incursión en el infierno para expiar el pecado de ser hombres. La claridad de la poesía rescata a los condenados del pozo profundo que nos envuelve desde antes de nacer. El dolor sentido  y representado por la fantástica Jessie Buckley,actriz irlandesa, por la muerte de uno de sus hijos es el precio que tuvieron que pagar Agnes Shakespeare. La obra es el conjunto de experiencias que ya se encuentran en la realidad cotidiana y que implosiona con la energía de un fauno.

La directora va hilvanando la historia de modo progresivo, primero construye un ambiente emocional, con dos personajes que están hechos el uno para el otro y que van hilvanando una historia de amor inevitable, trágica, angustiante. Después, entre la oposición y la aceptación se engarzan los familiares de ambos, en la que se observan claramente las normas de clase, la moral hecha devoradora de emociones que sin embargo afloran por intermedio de los acontecimientos que se desencadenan solos. Finalmente, la tragedia de la escritura toma vuelo para capturar la tragedia de un hombre y una mujer del siglo XVI. Ese epílogo suena, se ve, transcurre glorioso, busca darse forma por la alegría de las letras que un poeta deja salir porque su fuerza es inaplazable, incontenible, sale para saciar la insatisfacción de Hataway, de Shakespeare.

Y el bucle poético retorna a la vida a través de la hermosa poesía que constituye la tragedia de Hamlet. El niño sacrificado por la existencia y magistralmente consignado en las páginas de un papel por uno de los más grandes escritores de todos los tiempos.

Chloe Zhao demuestra su misticismo, su meticulosidad para contarnos historias que todos conocemos pero que no vemos de distinto modo. Muestra el misterio detrás de la vida. Lo sobrenatural nos habla al oído, cuando Agnes deambula por los bosques ingleses como un ave salvaje que se hace amiga de un halcón que sólo agrada a ella misma y al profesor de latín. Como hija de una bruja, según cuenta las matronas de la villa, sus poderes son tan fuertes que atraen la atención de un muchacho sui generis. Se ve también en la trasposición de una vida por otra, ad portas de la oscuridad, la una, y en su regreso de ella hacia la luz, la otra. Nos lo muestra en la oscuridad del bosque y en las reuniones familiares a la luz de una vela que se encuentra, luego de las desapariciones forzadas del padre, por la necesidad de sacar todo ese talento poético que Agnes ha descubierto y que la hace renunciar parcialmente a su amado.  En los símbolos que descorren por la casa y sus alrededores como el agua que se adentra por los intersticios de las puertas y el suelo y en el atavismo de la reproducción femenina que está hecho para darle paso a la poesía de la realidad. En la tragedia que representa la muerte para un niño, que la directora escenifica al final de la película en secuencias cinematográficas que ofrecen la redención para el sufrimiento de Anne Hataway, la sufrida esposa de un hombre que no nació para la familia restringida, sino que tuvo que padecer, a través de ella todos los desafueros de la vida para sacrificarse en pos de la humanidad, a la que legó varias de las obras más hermosas jamás creada por el hombre. Shakespeare es un amanuense. Zhao es una esteta original. Que cuida los detalles como cuidando las palabras del poeta. Le rinde un gran homenaje a aquel. La película es una larga sucesión de momentos oscuros, de pequeñas tragedias que construyen esta obra fílmica que lejos de los críticos que la catalogan como porno miseria, es una de las buenas películas del año.

domingo, 11 de mayo de 2025

 

Limónov

De Kirill Serebrinnikov


Dentro de las propuestas cinematográficas más llamativas, más delirantes y más fascinantes encontramos la que nos expone el director ruso, Kirill Serebrennikov(1969). Ha sido objeto de persecución enconada por parte del gobierno de Putin. De Limónov  expone cómo las  estrategias políticas del Régimen lo han puesto al lado, entre y  al margen de los grandes disidentes que fueron desterrados de su patria, no solamente ahora sino desde la existencia de la Unión Soviética, de la cual despotricó y amó, padeció y recibió, de la que sólo podemos extraer los beneficios que el Estado le dio como uno de los propagandistas fanáticos en el exterior.  Entre Serebrennikov y el personaje de su obra encontramos bastantes similitudes como para pensar que la película no tiene algún matiz autobiográfico.

Y es que “Limonov, la balada de Eddie” es una obra cinematográfica que tiene poco de Biopic porque, tras la adaptación fílmica de la obra novelada del escritor francés Emanuel Carrére, el cineasta ruso nos ofrece una propuesta vanguardista sobre las peripecias de un personaje tan singular como la película misma. A ese hombre tan terrenal y soñador al tiempo, lo vemos desgarrado en la pantalla; en varias escenas, lo observamos cómo se convierte en un comentarista, en un desencantado de la sociedad de consumo que consume la ciudad de Nueva York y es tragado por un monstruo capitalista que desprecia en grado sumo pero que también rinde pleitesía por su gran capacidad de adaptación a los gustos y maneras de ver la realidad que tanto dice maldecir.  Por eso también el otro monstruo socialista que representa la Unión Soviética aparece como un trasfondo nostálgico que guarda el anhelo de transformación que nunca logró concretarse. Limónov es el monstruo bifronte tan procaz y maleducado que se vuelve para quienes tienen la mala suerte de encontrárselo, una carga inefable que se habrá extinguido apenas se vire la mirada hacia arriba. Y nadie lo entiende, de ahí su rabia extrema como su vida extrema, un cúmulo de contradicciones que son síntomas inocultables de su desarraigo. Jarkov en Ucrania, Moscú, Nueva York, París y nuevamente su emblemática patria, una entelequia para él y para todos, tal vez. Un recorrido necesario para intentar conocerse, pero todos saben que el incorregible Limónov no es el alma rusa, sino la crítica más acérrima al orden del mundo, en donde ha sembrado la semilla de su desconcierto: nacionalsocialista, socialista, capitalista, anticapitalista, sensualista, materialista, poeta, poeta desencantado, mayordomo rico e indigente falsificador de sus propias preferencias sexuales, violento y tierno. Limonov es un maremágnum de dualismos que no le permite localizar un  punto seguro para aterrizar luego de su viaje al desconocimiento de un poco de sí mismo.

Serebrennikov, ha sido víctima quizás de los desafueros del Regimen de Putin, incluso es un delincuente para ellos que no tiene aval estatal para volver a su tierra por una acusación, una condena y un destierro por malversación de fondos. En cambio, en otros países enemigos de Putin, como Francia, Italia, Bélgica ha sido aplaudido y apoyado económicamente para que continúe con su trabajo cinematográfico que sin duda es uno de los más originales que el cine actual puede celebrar. El director ruso, hace de Limónov una obra cinematográfica en donde maneja magistralmente la profundidad de campo, los flashbacks. Los planos secuencias largos, la música como protagonista de la obra, etc. Hay secuencias que serán recordadas para siempre como la que nos muestra cada uno de los años que constituyen la década de los años 70´s, en la cual vemos hechos y personajes que determinaron la historia de la humanidad en ese convulsionado momento político.

A esa suma de virtudes fílmicas, asistimos también a la explosión de un personaje que vivió en la calle, agredió y fue degradado por amor  a una hermosa mujer con la cual se casa y quien lo desprecia al punto de provocarle al poeta marginal un intento de suicidio para arrojarlo, por un intrincado giro del destino, a las manos angelicales de un afro grande, “un negro grande” como lo describe Carrére en su escrito. Entre la sangre untada en las paredes de la habitación donde su novia es sodomizada y el cuerpo del indigente que le promete amor eterno, habita la contradicción en extremo, como cuando Limónov responde a las preguntas que el público le formula ante el auditorio luego de su regreso a la patria grande. Una mujer lo recuerda como un frágil hombre con un alma sensible de poeta y no como un sagaz burócrata adepto al Régimen comunista.

Pese a sus fracasos existenciales, Limónov logró cierta popularidad y cierto éxito literario en su prolijidad parisina, en donde escribe más de veinte libros, que algunos celebran y recuerdan como para homenajear al escritor en cualquier esquina del mundo. Y Su regreso al mundo libre, luego de años encarcelado, es un triunfo,   una apoteósica llegada al estrellato por los recuerdos que la gente tiene de él. El poeta ruso que se entregó a la adoración de los placeres, pero destruía verbalmente a sus contradictores con palabras ácidas en su actuar político que ha sido inspiración para muchos. En el fondo, Limónov escribió los libros de sus vivencias llenas de contradicciones y, más  allá de su calidad literaria, su existencia puede ser catalogada como un personaje escrito por Dostoievsky que ha definido tan bien esa imaginería que ha sido denominada como el alma rusa.

domingo, 21 de enero de 2024

 

Pobres criaturas


     



Un director no convencional llega con su última película, cuyo éxito en algunos festivales internacionales como el de Venecia, augura un mayor alcance en la próxima ceremonia de los Premios Óscar a celebrarse en pocos días. Yorgos Lanthimos, director griego y autor de algunos títulos cinematográficos como “Canino”, “El sacrificio de un siervo sagrado” y “La favorita”, dirige a un   excelente reparto que eleva aún más esta película que, sin lugar a dudas, constituye el punto de calidad más alto de su carrera. Mark Ruffalo, quien no desentona, en medio de las otras dos estrellas, nos regala una actuación desenfadada pero seria, cuyos desafíos histriónicos lo convierten en un profesional versátil, convincente en su papel de hombre liberado, jugador y amante de los placeres, que contribuye a sacar de la burbuja en la que se encuentra esta joven recién salida del cascarón. Es un peldaño más que debe escalar Bella para conocer el mundo, para enamorarse y desenamorarse de su exceso de libertad. Por su parte, Willem Dafoe, un actor seguro, al que todos estamos acostumbrados a verlo interpretar excelentes personajes, sin que haya sido lo suficientemente premiado por ello. Su rol es el de un padre y científico que ama a su nueva creación pero que es capaz de desprenderse de sus afectos para que ella pueda ser libre. Su trabajo y su corazón están encaminados a permitir que su pequeña Bella Baxter pueda experimentar lo que la naturaleza infantil y candorosa de aquella jovencita le impelen a realizar, en su camino por tres ciudades que le brindarán más vida. A diferencia del doctor Frankestein, esta película no tiene los elementos espectrales ni ominosos que sugiere la novela de Mary Shelley, sino que auspicia un personaje sobreprotector pero que también cede a los deseos de libertad que Bella le reclama. Y, el personaje más refulgente de la película es Bella, interpretada por Emma Stone, una actriz que ha demostrado su enorme calidad en obras anteriores. Aquí luce por desinhibición, brilla por esa conjunción de inocencia y crueldad que la misma vida ha sabido infundirle como un castigo por tanta libertad, porque el conocimiento, como lo vivió en carne propia Frankestein, es un doloroso sumergimiento en el alma humana. Bella experimenta su nueva conexión con el cuerpo a través del sexo, pero teniendo claro que los sentimientos no deben mezclarse con sus convicciones o sus promesas que son acuerdos con personas que estuvieron primero.

Yorgos Lanthimos construye un mundo muy original para este personaje demasiado original. Los encuadres, los planos, los movimientos de personajes y de cámaras, son una sinfonía cuya instrumentación suena armónicamente. Hay una construcción artística propia de un esteta, que juega con los recursos a su disposición para construir esta pequeña obra maestra. Sus efectismos logrados con las cámaras ojos de pez generan una sensación de encerramiento, de orificio por el cual podemos ver el mundo opresivo de Bella, así como nos lo ha mostrado varias veces Terry Gilliam en algunas de sus películas. Y a ese enclaustramiento, se suman los escenarios impresionistas al estilo de Nosferatu o de algunas obras de Murnau.

La historia, adaptada de la novela “Poor Things”, escrita por  el escritor escocés Alasdair Gray, no pretende juzgar las razones por las cuales Bella sale de su cascarón para sumergirse en el camino tortuoso de una vida que no conoce. Su mente es una construcción salida de su padre. Sus deseos son los de una niña que busca satisfacer las respuestas que le va generando ese cúmulo de experiencias que va teniendo. Su cerebro es el cerebro de un bebé que nunca terminó de nacer, que se incrusta obligado en el cráneo de una mujer suicida. Cuando Bella conoce a un hombre que le ofrece un mundo nuevo, prometido a un ser que no tiene maldad, decide perseguir sus deseos más sinceros. En Lisboa potencia su satisfacción sexual, sin el menor de los pudores; en Alejandría sabe que los absolutos no tienen cabida en ella, sus pensamientos encuentran nuevos aliados con sus dos  acompañantes que siembran semillas de duda en su mente. El encerramiento en aquel crucero, es un obstáculo para realizarse como ser. Conoce también que el mal y la miseria del mundo son dos ingredientes comunes en la sociedad de la cual todavía no hace parte. En París, se vuelve puta y descubre que un placer tan natural como el del sexo, también tiene sus límites y un hombre paga por satisfacer los deseos de la carne.

De regreso donde su padre, conoce toda la verdad y entiende que a pesar de las dificultades que no son puestas por mano propia, sino, que son producto de las obsesiones egoístas de los otros, son las que determinan el camino. La posibilidad de hacer el mal es una posibilidad cierta que Bella experimenta y también se puede aprender de él.

Con “Pobres criaturas”, de Yorgos Lanthimos, encontramos una bocanada de aire entre tanto formalismo cinematográfico que va por la apuesta segura, cuyo propósito sólo se encuentra en el rédito económico. La recuperación de estilos cinematográficos retro, es más bien una recuperación sustancial de la creatividad artística. Esta obra fílmica es un aporte audiovisual a la necesidad de comprender la naturaleza humana, a través de un personaje inolvidable, Bella Baxter, quien nos recuerda que la inocencia existió alguna vez en cada uno de nosotros y hemos venido dejándola de lado, con las responsabilidades sociales que nos agobian cotidianamente.

viernes, 1 de diciembre de 2023

 

La última tentación de Ridley Scott



Las últimas películas de Ridley Scott han estado desprovistas de su sello personal  que lo catalogan como quizás uno de los mejores cineastas de su generación.  Parece que su trabajo actual tiene como objetivo saciar los intereses económicos de las productoras, con sus guiones sobre hechos históricos y personajes que viven en el imaginario de la gente como dignos de recordar, utilizando el cine como medio para lograr tal fin. Atrás han quedado piezas audiovisuales legendarias como “Los duelistas”, “Blade Runner” o “Thelma y Louise”, verdaderas obras artísticas dignas de admiración.

Ahora nos expone su “Napoleón”, protagonizada por el deslumbrante Joaquín Phoenix y la buena actriz Vanessa Kirby como Josefina. Es notoria la gran cantidad de errores históricos expresados en las batallas que se muestran en esta obra de 160 minutos de duración, como en las batallas de Austerlitz o la última batalla napoleónica, librada contra el duque de Willington en Waterloo. O el increíble lanzamiento de un cañón a la pirámide de Keops en Egipto que descalabra a uno de sus rivales en la caída de aquel. Asimismo, el exceso de banderas en las batallas que no pertenecían a la Francia que recién salía del Régimen del terror liderado por Robespierre, cuyas rayas verticales no se usaban para los años en los que Napoleón lideró sus batallas más importantes.

Pero más allá de estos hechos históricos falseados por las imágenes de esta obra fílmica, apenas alcanzamos a visionar a un ser humano dubitativo, lejos de la reciedumbre y la determinación que fueron propios de un emperador al que se le adjudican miles de muertos y que sepulta de una vez y para siempre el Antiguo Régimen. Varios de los momentos en los cuales aparece, resultan deslucidos, más caricaturescos que elogiosos de uno de los personajes más importante de la historia de Francia. Pero dicha historia no puede desprenderse de quienes lo rodearon, en primer término, de los británicos, que se convirtieron en sus más enconados rivales, de él y de su amado imperio francés. Las decisiones económicas de aquellos estuvieron jalonadas por la necesidad de mantener el predominio comercial con el resto del mundo, mientras Francia se expandía territorialmente, pero hasta donde los británicos se lo permitieron, y que es demostrado en los apoyos irrestrictos que ofrece a los enemigos del nuevo emperador que tiene la osadía de arrebatarle la corona al papa y ponérsela él mismo en esa cabeza maquinal y desbordada. El Napoleón de Ridley Scott es un intento por mostrar el drama personal de un hombre vertiginoso, sufriente y solo, lleno de ese vigor de líder que acompaña a los elegidos para emprender grandes campañas de conquista y reconquista, pero sin la felicidad que debe acompañarlos en su autorrealización personal. Sus lamentaciones por el amor correspondido a medias por Josefina, lo hacen ver como un hombre reprimido y sin control de su propio hogar. Las escenas sexuales, lo muestran como un eyaculador mecánico que aburrían tremendamente a su amada esposa. Sus breves diálogos con el duque de Wellington, hacen de la figura de Napoleón un tirano en decadencia que no tiene ingenio y mucho menos el valor para sobreponerse a sus derrotas.

“Napoléon” es un biopic que intenta mostrar demasiadas cosas sin tener la capacidad de hacer venerable ninguna de las escenas. Si bien, la dirección artística mete al espectador en la ambientación de un revolucionario del siglo XIX, luego de la caricaturesca ejecución de María Antonieta, provista con ese pelo largo y ensortijado a punto de probar la guillotina, tanta pompa colorísitica, no pueden complementar eficazmente la trama que tiene una duración increíblemente corta para narrar tantas cosas. Tal vez, si el guionista y el director hubieran centrado la obra en algún acontecimiento particular, hubieran impregnado más imaginación y más contundencia a esta película fallida.

Y de la impronta del actor protagonista Joaquín Phoenix hubiéramos encontrado más al gran actor que es. De su expresividad facial, tal como la encontramos en su “Gladiador”, por ejemplo, quizás nos hubiéramos sumergido en una de las actuaciones que nos tiene acostumbrados a recibir. Se ven artificiosas sus actitudes monológicas en varios momentos como el de sus rabietas frente a las infidelidades de su inquieta esposa, o los momentos de solemnidad, ante sus grandes conquistas, o la majestuosa coronación como el emperador que devolverá a Francia su antiguo esplendor, luego del dominio británico sobre ultramar. Sobre Vanessa Kirby hay que decir que sus silencios convencen, pero no determinan el curso de una actuación que hubiera resultado más memorable, como el personaje importante que fue, sobre todo, que marcó la vida de un ser humano más importante que ella para la historia universal.

En suma, este Napoleón habrá quedado para el olvido, y Abel Gance seguirá reinando como el director qua ha logrado penetrar un poco más en la figura del emperador.

Y es que una película que no pone las cartas sobre la mesa, debe suponer que un personaje histórico connotado, encaja fielmente con acontecimientos históricos que deberían narrase fielmente, tal como los anales de la historia lo predican, a menos que su intención, desde el principio sea otra.

No obstante, para las nuevas generaciones, que no tienen ningún interés por el pasado, sino que viven el momento únicamente, que olvidan rápido todo lo que aprenden o experimentan, “Napoleón” es una buena manera de recordarles o de enseñarles que una vez hubo un personaje que determinó la historia de Europa y que el poder del imperio británico lo doblegó a su entero gusto. Esa famosa realización de la idea, montada a caballo tal cual como pensaba Hegel, era más bien la realización de las ideas económicas que perseguían los imperios.

 

 


sábado, 21 de octubre de 2023

 

El sol del futuro

Jorge Abel Carmona Morales

Dalisur99@yahoo.com.mx

De Nanni Moretti

La última película del multipremiado director italiano Nanni Moretti es una balada triste que utiliza el humor negro para rememorar varios hechos de una época ida. La del cine libre, no ligado a las determinantes del mercado mundial. De aquellos autores que expresaban sus puntos de vista más íntimos, sin la presión del neoliberalismo que las plataformas virtuales imponen hoy en día, creando así la estética contemporánea y generando unos modos estandarizados de concebir la imagen. Lo recalca el director de “La habitación del hijo” en varias de las escenas de esta obra, competidora en la selección oficial del Festival de Cine de Cannes del año 2023. Por eso su vida se ha hecho un cúmulo de momentos que exudan monotonía por todas partes y que salpica de uno u otro modo a sus familiares más cercanos. Su esposa tiene la firme intención de pedirle el divorcio, pero el respeto que le profesa a este hombre reconocido nacional e internacionalmente, impide darle la noticia. Ella es la productora de sus películas y por eso entiende el proceso creativo de cada una de ellas. No obstante, sabe que el cine ha cambiado por la eclosión de un público nuevo que no parece hacerse demasiados cuestionamientos sobre los grandes temas político-filosóficos de la historia. Lo vemos en la película que rueda, donde se muestran las decisiones, los apoyos, las intenciones políticas del secretario del partido comunista italiano, Palmiro Togliatti, frente al apoyo que brinda a la Revolución húngara promovida por los estudiantes en el año 1956, en contra de los desafueros autoritario de la Unión Soviética. A este personaje trascendental para entender el desenvolvimiento de la izquierda italiana, el director le otorga un notorio protagonismo. De modo que mientras vemos una película que homenajea al mundo del cine a través de una mirada crítica de los nuevos procedimientos para realizarlas y para promocionarlas, también encontramos un punto de vista que admira lo que alguna vez fue y sucedió de otro modo, obviando lo que pudo ser una verdadera revolución para Europa.

Asimismo, lo vemos en momentos de tensión que se generan cuando el director le enseña a otro director sobre la importancia de ofrecer escenas que simbolicen algo, y no, que se conviertan en meros tips destinados a colmar las expectativas del gusto cinematográfico actual. Por eso cuando un personaje le apunta a otro con una pistola de frente y a unos pocos centímetros de distancia, aquel diserta sobre la intencionalidad de aquella escena, sobre la explicitud de ésta que realmente no le aporta nada al público. Giovanni se convierte, entonces, en un maestro que quiere enseñar lo que sabe por la experiencia de haber desarrollado una obra muy personal, solo pensada para satisfacer las obsesiones propias, de modo independiente. No pretende evangelizar a nadie porque es capaz de dar el brazo a torcer respecto a lo que predica porque al final sabe que es inevitable el avance de los nuevos tiempos.

Si bien “El sol del futuro” es una película que toma como excusa algunos hechos políticos, estamos frente a una obra existencial. La vida y la obra del director son dos versiones de la misma cosa. la ideología que predica en términos estéticos parece disolverse con la desazón que le produce la imposibilidad de atajar las oleadas de cambios que Netflix, los productores coreanos, el desinterés político de la juventud, reflejada por ejemplo en la pregunta que hace un muchacho al principio de la obra donde dice: ¿Hubo comunistas en Italia?, han impreso al campo fílmico mundial. Giovanni se siente como un dinosaurio, convencido de sus ideas y tal vez de su superioridad espiritual e intelectual respecto de las otras personas. Pero su pasión personal por la vida se expresa en momentos emblemáticos del filme como ese hermoso baile desprevenido que el equipo de la película dentro de la película desarrolla, con el atrevimiento de la espontaneidad al ritmo de esa hermosa “Voglio vederti danzare” cantada por Franco Battiato” o la introspección visual construida por “Y si tu no has de volver”, versión en italiano del gran Joe Dassin o la posibilidad de dejarlo todo así y abandonarse a una ráfaga de felicidad.

“El sol del futuro” no pretende ideologizar sino mostrar algunos aspectos autobiográficos del director, quien banaliza algunas situaciones a través de un humor estilizado que recuerda a otros directores italianos como Federico Fellini, en “8 y ½”. Por eso esta obra fílmica es un homenaje al séptimo arte por medio de personajes reales que tuvieron o tienen una existencia real, y sugiriendo además que el paso del tiempo también va convirtiendo en anticuarios a algunos autores que no han sabido adaptarse al mercado mundial actual. Desde este punto de vista, se lanza puyas a lo que la cultura contemporánea ha dejado en la juventud, pero no sin intentar mostrarle la deriva de lo que ha ocurrido, de los tiempos dejados atrás, de las visiones y de la praxis que de uno u otro modo han edificado la sociedad presente. El letrero rojo sobre el muro, con el cual inicia la obra fílmica, se va construyendo por partes hasta mostrarse como una idea gigantesca que se produce de modo artesanal, con lazos colgantes desde el filo superior, es un mensaje iniciático de compromiso con la elaboración artística del autor clásico.

Pero las paredes pueden permanecer obstaculizando el arte sino recordamos ciertas experiencias creadoras que los antiguos nos legaron como una declaración de amor para que jamás permitamos que se nos olvide.

 

domingo, 23 de julio de 2023

 

El día del asteroide

De Wes Anderson


La nueva comedia dramática del director, nacido en Houston, Wes Anderson, es un roce bastante serio con el drama porque muestra el poder del Estado sobre la sociedad norteamericana. Su contexto se establece en la década de 1950, en un momento donde la Guerra Fría contagiaba a todos los espíritus de la época, con la paranoia de persecuciones políticas y que permitieron a los gobiernos destinar recursos ilimitados para desarrollar novedosa tecnología militar.

“Asteroid day” es una paleta de colores que ayuda a componer una obra audiovisual de formalidad bella, continuadora de un trabajo estético serio, en el cual, el cineasta texano expresa su arte del mismo modo que sus trabajos anteriores con un tema político trascendental. Sus colores amarillos, rosas y verdes, pintan un decorado de cuento de hadas en un contexto de guerra, en el que los militares toman decisiones arbitrarias como el confinamiento forzado de la población civil, aduciendo la seguridad nacional. Y la amenaza de Estado consiste en la visita de un extraterrestre que se aparece en medio de una congregación de visitantes a un pueblo de 87 habitantes, ubicado en las profundidades del desierto del suroeste estadounidense. Ante tal eventualidad, las fuerzas del orden se ponen en guardia generando un estado de vigilancia plena. En medio de ese estado panóptico, hay familias e individuos que tienen sus propios dramas. Una familia de un padre y cuatro hijos, ha perdido a su madre y aquel tiene dificultades para contar lo sucedido a los niños; pero el hijo mayor está más interesado en investigar la naturaleza de los sucesos alienígenas, junto a una jovencita que tiene los mismos intereses intelectuales que aquel, pero con un poco menos de ingenio. El padre, se enamora de una actriz depresiva que ensaya sus papeles metida en una tina de baño, al otro lado de la ventana, desde la cual establecen contacto visual.

Esta historia, a color, es el resultado de una obra teatral que crea un dramaturgo que se encuentra con el director. La realidad de los años 50´s se desarrolla en blanco y negro, como una caja dentro de otra más grande. Ambos universos en algunos momentos se comunican y en los dos se expresan los dramas internos de los hombres y mujeres que se encuentran dentro de ellos.

Son notorias las campanillas del reparto que tiene esta película. Todos los actores y todas las actrices son famosos. Tom Hanks, Jeff Goldblum, Adrien Brody, Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Jason Swartzman, Brian Craston.

La crítica recurrente a la cinematografía de Wes Anderson tal vez es su mayor virtud, su notorio trabajo de acabamiento formal, versus su poco énfasis en lo narrativo. Los espectadores de sus filmes ya reconocemos inmediatamente su estilo, virtuoso, preciso y una imponente paleta de colores, que nos lleva a una pintura en movimiento. De sus encuadres creativos, sus simetrías estrictas, sus hermosos travellings que hablan de un trabajo escrupuloso de difíciles ejecuciones, podemos extraer un minucioso estilo con características uniformes que se repiten en cada uno de sus películas, hecho que es inevitable en un artista que lucha contra sus propias obsesiones, domándolas como un caballo de paso.

Los decorados cuentan con una meticulosidad admirable, de tal modo que los giros de 360 grados que realizan sus cámaras, muestran las locaciones del pueblo con su continuidad normal generando la sensación en sus espectadores de que semejante ambientación, es un conjunto de construcciones urbanísticas naturalmente puestas allí. El contraste estético adquiere coherencia con los caracteres y temperamentos de los personajes, que son proclives a expresar frases económicas, libres de arabescos, que alejan sus reacciones de personajes paisajísticos que existen en la realidad tal como la vemos. Las obsesiones de aquellos se funden con la formalidad estética. Pero el cuidado de los trazados estéticos, a veces obnubila las características de esos personajes que tienen un mundo psicológico propio, con ansiedades que exigen tratamiento.

Por eso, las críticas políticas y las críticas culturales que puedan extraerse de esta película, resultan invisibilizadas por los acabados estéticos. Los miedos de los personajes a situaciones apremiantes como la asunción de la responsabilidad por el cuidado de una familia. O el impacto de la noticia en los pequeños, sobrepasan las energías del padre. La amenaza extraterrestre, ayuda a paliar el conflicto, pero mientras los sucesos ocurren en la sociedad exterior, los personajes siguen atribulados. Los niños en la escuela no están motivados por los conocimientos impartidos por la profesora, pero rebosan alegría ante el baile que emprenden en medio de una clase. La soledad de un abuelo que decide viajar desde su rancho a recoger a sus nietos, muestra el abandono emocional de los ancianos en el panorama actual. La depresión evidente de una actriz que cuida de su pequeña hija, desnuda un ambiente de exigencias y presiones sociales hostiles a los actores de ese campo histriónico norteamericano. La crisis de creatividad que experimentan tanto el guionista como el director de la obra trasciende los universos temporales. La formalidad estética permanece del mismo modo  que la psicología comportamental de los hombres y las mujeres moldeados por una sociedad paranoica que tiene la firme convicción de mantenerse como la potencia militar y política más fuerte del planeta tierra.

Con “Ateroid day”, Wes Anderson reafirma su estilo. Inconfundible y preciso, hecho para sí, como lo siente y lo expresa y que a veces coincide con los gustos del gran público. Más allá de eso, nos encontramos frente a un creador auténtico.

miércoles, 21 de junio de 2023

 

La fragancia de los tulipanes


De Lukas Dhont


Las flores sanan. La belleza de la vida tiene tantos enemigos que pueden obnubilarla. Lukas Dhont, con su “Close” nos trae esta sutileza, sin más. No hay concesiones, ni puntos medios, ni excusas para ese mal irremediable llamado pudor. Los niños pueden ser el foco de desfases sociales que no tienen en cuenta, por más intentos de mostrar otra cosa, los sentimientos naturales de los hombres y las mujeres que van cambiando con la madurez de cada una de las personas. El director no necesita un inmenso presupuesto, en cambio tiene un talento sutil para crear atmósferas cargadas de sentimientos que se van generando gradualmente sin romper la continuidad narrativa propia de una buena película. Ya nos había regalado su admirable “Girl”, que busca indagar en el universo emocional de los seres humanos, sin más, sin esas miradas de género o de luchas sexualizadas que   a veces apartan a las historias de su verdadera intencionalidad, esa que explora el corazón humano, sin apellidos, ni etiquetas, ni conflictos sexistas.

El cineasta belga que apenas cruzó la barrera de los 30 se convierte así en un director imprescindible, sin el cual, el intento de comprender la evolución de los jóvenes actuales, en su camino pedregoso por una existencia que constantemente les pone nuevos impedimentos de expresarse libremente, se vuelve vano. Esta historia es eso. Remy y Leo son dos mejores amigos que comparten una serie de experiencias cotidianas que los une cada vez más, hasta que un comentario casual de una niña, en la secundaria, rompe ese idilio en el que viven ambos. Leo empieza a evitar a Remy. Este entra en un doloroso estado depresivo que termina mal. Pero el dolor es transmutable, se incrusta en el alma de Leo, sin muchas posibilidades de librarlo pronto. El duelo emocional de aquel jovencito no desaparece, en lugar de ello, persiste, se arraiga en su mente como si el peso de lidiar con ese sentimiento se hubiera vuelto una especie de expiación a la cual está atado por las circunstancias precedentes. La maestría de Dhont consiste en no dejar caer una historia que ya hemos apreciado antes, tal vez muchas veces, y, consigue no regodearse con un drama lacrimal, sino, con la sutileza de un artista sensible, que va hilvanando unos sucesos creíbles, con los tiempos justos, con unas escenas que son necesarias, con una construcción psicológica coherente, en la cual cada uno de los personajes se muestra sólido. La madre de Remy, desfoga comprensión y ternura, condiciones que Leo habrá de percibir plenamente si ha de soltar el sufrimiento de una pérdida para la cual no estaba preparado. Ella asume el papel de su madre temporal mientras la pena de sentirse abandonado por una presión social lo suelta. Leo se refugia en esa mujer que ha sufrido más que él, sabe que ha dejado algo suelto, que la verdad está en el aire, pero algo inconfesable no permite expresarlo. El temor y la culpa de contar sus verdaderos sentimientos hacen incrementar el dolor. La angustia de no declarar con la veracidad del caso todo lo que ocurrió es comprendida por una madre que ha perdido a su hijo, lo carcome. Su deshonestidad prolonga la incertidumbre de todos aquellos que amaron a su amigo Remy. Inclusive la suya.

El director deja flotando en el ambiente lo indeclarado, lo que sospechamos pero que no podemos asegurar, porque la ambivalencia de los sentimientos no se puede esclarecer fácilmente. Esa es la mayor tragedia de Leo, la duda o quizás la certeza de la nitidez que sus sentimientos siempre le han mostrado y ahora por la sombra de la moral, impide que aflore. Por eso los tulipanes que cultivan y procesan los padres de Leo aparecen una y otra vez, como principio simbólico de la contaminación de la autenticidad. Quedan sentimientos destructivos que habrá que dejar salir. La película muestra precisamente el proceso por el cual podemos empezar a sanar o a sanar del todo, no sin antes dejar bien claro que no será fácil. El otro apuntalamiento de Leo es su hermano mayor, porque funge como sustitutivo de la pérdida que ha experimentado y a la que debe hacerle frente. El contacto físico, las miradas, las palabras, los silencios se dirigen hacia él. Está en su naturaleza buscar los afectos que su corazón siente y que no puede expresar como quisiera hacerlo. El universo personal de los niños no admite concesiones o se desfoga totalmente o se reprime del todo.

Las imágenes, cargadas de una belleza naturalista no tiene pretensiones efectistas, sus propósito son funcionales a la historia, con la cual aporta una mirada rica y sutil sobre las pequeñas alegrías, las pequeñas frustraciones, el uso del tiempo libre, la construcción de pequeñas felicidades que están más allá del tiempo de los niños al cual los adultos no tenemos acceso, pero sí tenemos la posibilidad de dejar fluir con nuestra comprensión. Están compuestas meticulosamente, con pausas justas con movimientos estudiados que están en función de los sentimientos.

Lukas Dhont nos dice que detrás de las acciones existen miles de intersticios sentimentales que viven junto a nosotros pero que no percibimos por no hacer una pausa en la vida de los otros, por no aproximarnos un momento a eso que vemos como fenómenos sin fondo, pero que en realidad permanecen latentes, son un verdadero enigma, nos superan.