sábado, 14 de febrero de 2026

 

Hamnet o el sacrificio del poeta

                                                                          Dalisur99@yahoo.com.mx



De Chloe Zhao

Chloe Zhao es una de las directoras de cine más aclamadas de toda la industria. El fulgor publicitario que la rodea, no es sólo un gancho de la parafernalia del comercio estético contemporáneo, sino una artista meticulosa, que cuida cada uno de los detalles en sus obras, que por lo demás, también calan en el gran público.  

Como una obsesión personal, esta obra basada en la novela de Maggie O´Farrell, la directora se adentra en la relación que establece Agnes o la Anne Hataway real, esposa del Shakespeare, con la naturaleza, los ritmos, el paso del tiempo, el pantano, el halcón, la vida y la muerte como parte de una simbiosis cultura-naturaleza en la que estamos envueltos todos los seres vivos. Por eso, la inmortalidad que dejan las palabras sobre la memoria de los hombres trasciende la corrosión que el paso de los años deja en la vida humana. La tragedia. La absolución y condena de los sentimientos como cargas permanentes que nos salvan, pero también nos condenan son la expresión de que la muerte es solo un concepto y que el arte objetivado en metáforas trasciende la materia.

Hamlet es el dolor de un padre por la muerte de su hijo, un día, uno de tantos que ha sabido ignorar el sufrimiento por la entrega incondicional a la belleza de la poesía que escenificó en los grandes teatros de Strafford. Estamos destinados a escenificar nuestras vidas que se van convirtiendo en las ideas de un poeta. En Shakespeare, el mundo es belleza, es traición, es melancólica agonía que representa a todos y cada uno de los hombres consignados a través de unos cuantos personajes de un dramaturgo.  Mientras existan las palabras inmortales del príncipe danés no habrá más personas muertas en el anonimato.

El sacrificio del poeta es el vuelo del halcón que se posa en el guante de su amo. Zhao nos adentra en la oscuridad de la historia como una incursión en el infierno para expiar el pecado de ser hombres. La claridad de la poesía rescata a los condenados del pozo profundo que nos envuelve desde antes de nacer. El dolor sentido  y representado por la fantástica Jessie Buckley,actriz irlandesa, por la muerte de uno de sus hijos es el precio que tuvieron que pagar Agnes Shakespeare. La obra es el conjunto de experiencias que ya se encuentran en la realidad cotidiana y que implosiona con la energía de un fauno.

La directora va hilvanando la historia de modo progresivo, primero construye un ambiente emocional, con dos personajes que están hechos el uno para el otro y que van hilvanando una historia de amor inevitable, trágica, angustiante. Después, entre la oposición y la aceptación se engarzan los familiares de ambos, en la que se observan claramente las normas de clase, la moral hecha devoradora de emociones que sin embargo afloran por intermedio de los acontecimientos que se desencadenan solos. Finalmente, la tragedia de la escritura toma vuelo para capturar la tragedia de un hombre y una mujer del siglo XVI. Ese epílogo suena, se ve, transcurre glorioso, busca darse forma por la alegría de las letras que un poeta deja salir porque su fuerza es inaplazable, incontenible, sale para saciar la insatisfacción de Hataway, de Shakespeare.

Y el bucle poético retorna a la vida a través de la hermosa poesía que constituye la tragedia de Hamlet. El niño sacrificado por la existencia y magistralmente consignado en las páginas de un papel por uno de los más grandes escritores de todos los tiempos.

Chloe Zhao demuestra su misticismo, su meticulosidad para contarnos historias que todos conocemos pero que no vemos de distinto modo. Muestra el misterio detrás de la vida. Lo sobrenatural nos habla al oído, cuando Agnes deambula por los bosques ingleses como un ave salvaje que se hace amiga de un halcón que sólo agrada a ella misma y al profesor de latín. Como hija de una bruja, según cuenta las matronas de la villa, sus poderes son tan fuertes que atraen la atención de un muchacho sui generis. Se ve también en la trasposición de una vida por otra, ad portas de la oscuridad, la una, y en su regreso de ella hacia la luz, la otra. Nos lo muestra en la oscuridad del bosque y en las reuniones familiares a la luz de una vela que se encuentra, luego de las desapariciones forzadas del padre, por la necesidad de sacar todo ese talento poético que Agnes ha descubierto y que la hace renunciar parcialmente a su amado.  En los símbolos que descorren por la casa y sus alrededores como el agua que se adentra por los intersticios de las puertas y el suelo y en el atavismo de la reproducción femenina que está hecho para darle paso a la poesía de la realidad. En la tragedia que representa la muerte para un niño, que la directora escenifica al final de la película en secuencias cinematográficas que ofrecen la redención para el sufrimiento de Anne Hataway, la sufrida esposa de un hombre que no nació para la familia restringida, sino que tuvo que padecer, a través de ella todos los desafueros de la vida para sacrificarse en pos de la humanidad, a la que legó varias de las obras más hermosas jamás creada por el hombre. Shakespeare es un amanuense. Zhao es una esteta original. Que cuida los detalles como cuidando las palabras del poeta. Le rinde un gran homenaje a aquel. La película es una larga sucesión de momentos oscuros, de pequeñas tragedias que construyen esta obra fílmica que lejos de los críticos que la catalogan como porno miseria, es una de las buenas películas del año.

domingo, 11 de mayo de 2025

 

Limónov

De Kirill Serebrinnikov


Dentro de las propuestas cinematográficas más llamativas, más delirantes y más fascinantes encontramos la que nos expone el director ruso, Kirill Serebrennikov(1969). Ha sido objeto de persecución enconada por parte del gobierno de Putin. De Limónov  expone cómo las  estrategias políticas del Régimen lo han puesto al lado, entre y  al margen de los grandes disidentes que fueron desterrados de su patria, no solamente ahora sino desde la existencia de la Unión Soviética, de la cual despotricó y amó, padeció y recibió, de la que sólo podemos extraer los beneficios que el Estado le dio como uno de los propagandistas fanáticos en el exterior.  Entre Serebrennikov y el personaje de su obra encontramos bastantes similitudes como para pensar que la película no tiene algún matiz autobiográfico.

Y es que “Limonov, la balada de Eddie” es una obra cinematográfica que tiene poco de Biopic porque, tras la adaptación fílmica de la obra novelada del escritor francés Emanuel Carrére, el cineasta ruso nos ofrece una propuesta vanguardista sobre las peripecias de un personaje tan singular como la película misma. A ese hombre tan terrenal y soñador al tiempo, lo vemos desgarrado en la pantalla; en varias escenas, lo observamos cómo se convierte en un comentarista, en un desencantado de la sociedad de consumo que consume la ciudad de Nueva York y es tragado por un monstruo capitalista que desprecia en grado sumo pero que también rinde pleitesía por su gran capacidad de adaptación a los gustos y maneras de ver la realidad que tanto dice maldecir.  Por eso también el otro monstruo socialista que representa la Unión Soviética aparece como un trasfondo nostálgico que guarda el anhelo de transformación que nunca logró concretarse. Limónov es el monstruo bifronte tan procaz y maleducado que se vuelve para quienes tienen la mala suerte de encontrárselo, una carga inefable que se habrá extinguido apenas se vire la mirada hacia arriba. Y nadie lo entiende, de ahí su rabia extrema como su vida extrema, un cúmulo de contradicciones que son síntomas inocultables de su desarraigo. Jarkov en Ucrania, Moscú, Nueva York, París y nuevamente su emblemática patria, una entelequia para él y para todos, tal vez. Un recorrido necesario para intentar conocerse, pero todos saben que el incorregible Limónov no es el alma rusa, sino la crítica más acérrima al orden del mundo, en donde ha sembrado la semilla de su desconcierto: nacionalsocialista, socialista, capitalista, anticapitalista, sensualista, materialista, poeta, poeta desencantado, mayordomo rico e indigente falsificador de sus propias preferencias sexuales, violento y tierno. Limonov es un maremágnum de dualismos que no le permite localizar un  punto seguro para aterrizar luego de su viaje al desconocimiento de un poco de sí mismo.

Serebrennikov, ha sido víctima quizás de los desafueros del Regimen de Putin, incluso es un delincuente para ellos que no tiene aval estatal para volver a su tierra por una acusación, una condena y un destierro por malversación de fondos. En cambio, en otros países enemigos de Putin, como Francia, Italia, Bélgica ha sido aplaudido y apoyado económicamente para que continúe con su trabajo cinematográfico que sin duda es uno de los más originales que el cine actual puede celebrar. El director ruso, hace de Limónov una obra cinematográfica en donde maneja magistralmente la profundidad de campo, los flashbacks. Los planos secuencias largos, la música como protagonista de la obra, etc. Hay secuencias que serán recordadas para siempre como la que nos muestra cada uno de los años que constituyen la década de los años 70´s, en la cual vemos hechos y personajes que determinaron la historia de la humanidad en ese convulsionado momento político.

A esa suma de virtudes fílmicas, asistimos también a la explosión de un personaje que vivió en la calle, agredió y fue degradado por amor  a una hermosa mujer con la cual se casa y quien lo desprecia al punto de provocarle al poeta marginal un intento de suicidio para arrojarlo, por un intrincado giro del destino, a las manos angelicales de un afro grande, “un negro grande” como lo describe Carrére en su escrito. Entre la sangre untada en las paredes de la habitación donde su novia es sodomizada y el cuerpo del indigente que le promete amor eterno, habita la contradicción en extremo, como cuando Limónov responde a las preguntas que el público le formula ante el auditorio luego de su regreso a la patria grande. Una mujer lo recuerda como un frágil hombre con un alma sensible de poeta y no como un sagaz burócrata adepto al Régimen comunista.

Pese a sus fracasos existenciales, Limónov logró cierta popularidad y cierto éxito literario en su prolijidad parisina, en donde escribe más de veinte libros, que algunos celebran y recuerdan como para homenajear al escritor en cualquier esquina del mundo. Y Su regreso al mundo libre, luego de años encarcelado, es un triunfo,   una apoteósica llegada al estrellato por los recuerdos que la gente tiene de él. El poeta ruso que se entregó a la adoración de los placeres, pero destruía verbalmente a sus contradictores con palabras ácidas en su actuar político que ha sido inspiración para muchos. En el fondo, Limónov escribió los libros de sus vivencias llenas de contradicciones y, más  allá de su calidad literaria, su existencia puede ser catalogada como un personaje escrito por Dostoievsky que ha definido tan bien esa imaginería que ha sido denominada como el alma rusa.

domingo, 21 de enero de 2024

 

Pobres criaturas


     



Un director no convencional llega con su última película, cuyo éxito en algunos festivales internacionales como el de Venecia, augura un mayor alcance en la próxima ceremonia de los Premios Óscar a celebrarse en pocos días. Yorgos Lanthimos, director griego y autor de algunos títulos cinematográficos como “Canino”, “El sacrificio de un siervo sagrado” y “La favorita”, dirige a un   excelente reparto que eleva aún más esta película que, sin lugar a dudas, constituye el punto de calidad más alto de su carrera. Mark Ruffalo, quien no desentona, en medio de las otras dos estrellas, nos regala una actuación desenfadada pero seria, cuyos desafíos histriónicos lo convierten en un profesional versátil, convincente en su papel de hombre liberado, jugador y amante de los placeres, que contribuye a sacar de la burbuja en la que se encuentra esta joven recién salida del cascarón. Es un peldaño más que debe escalar Bella para conocer el mundo, para enamorarse y desenamorarse de su exceso de libertad. Por su parte, Willem Dafoe, un actor seguro, al que todos estamos acostumbrados a verlo interpretar excelentes personajes, sin que haya sido lo suficientemente premiado por ello. Su rol es el de un padre y científico que ama a su nueva creación pero que es capaz de desprenderse de sus afectos para que ella pueda ser libre. Su trabajo y su corazón están encaminados a permitir que su pequeña Bella Baxter pueda experimentar lo que la naturaleza infantil y candorosa de aquella jovencita le impelen a realizar, en su camino por tres ciudades que le brindarán más vida. A diferencia del doctor Frankestein, esta película no tiene los elementos espectrales ni ominosos que sugiere la novela de Mary Shelley, sino que auspicia un personaje sobreprotector pero que también cede a los deseos de libertad que Bella le reclama. Y, el personaje más refulgente de la película es Bella, interpretada por Emma Stone, una actriz que ha demostrado su enorme calidad en obras anteriores. Aquí luce por desinhibición, brilla por esa conjunción de inocencia y crueldad que la misma vida ha sabido infundirle como un castigo por tanta libertad, porque el conocimiento, como lo vivió en carne propia Frankestein, es un doloroso sumergimiento en el alma humana. Bella experimenta su nueva conexión con el cuerpo a través del sexo, pero teniendo claro que los sentimientos no deben mezclarse con sus convicciones o sus promesas que son acuerdos con personas que estuvieron primero.

Yorgos Lanthimos construye un mundo muy original para este personaje demasiado original. Los encuadres, los planos, los movimientos de personajes y de cámaras, son una sinfonía cuya instrumentación suena armónicamente. Hay una construcción artística propia de un esteta, que juega con los recursos a su disposición para construir esta pequeña obra maestra. Sus efectismos logrados con las cámaras ojos de pez generan una sensación de encerramiento, de orificio por el cual podemos ver el mundo opresivo de Bella, así como nos lo ha mostrado varias veces Terry Gilliam en algunas de sus películas. Y a ese enclaustramiento, se suman los escenarios impresionistas al estilo de Nosferatu o de algunas obras de Murnau.

La historia, adaptada de la novela “Poor Things”, escrita por  el escritor escocés Alasdair Gray, no pretende juzgar las razones por las cuales Bella sale de su cascarón para sumergirse en el camino tortuoso de una vida que no conoce. Su mente es una construcción salida de su padre. Sus deseos son los de una niña que busca satisfacer las respuestas que le va generando ese cúmulo de experiencias que va teniendo. Su cerebro es el cerebro de un bebé que nunca terminó de nacer, que se incrusta obligado en el cráneo de una mujer suicida. Cuando Bella conoce a un hombre que le ofrece un mundo nuevo, prometido a un ser que no tiene maldad, decide perseguir sus deseos más sinceros. En Lisboa potencia su satisfacción sexual, sin el menor de los pudores; en Alejandría sabe que los absolutos no tienen cabida en ella, sus pensamientos encuentran nuevos aliados con sus dos  acompañantes que siembran semillas de duda en su mente. El encerramiento en aquel crucero, es un obstáculo para realizarse como ser. Conoce también que el mal y la miseria del mundo son dos ingredientes comunes en la sociedad de la cual todavía no hace parte. En París, se vuelve puta y descubre que un placer tan natural como el del sexo, también tiene sus límites y un hombre paga por satisfacer los deseos de la carne.

De regreso donde su padre, conoce toda la verdad y entiende que a pesar de las dificultades que no son puestas por mano propia, sino, que son producto de las obsesiones egoístas de los otros, son las que determinan el camino. La posibilidad de hacer el mal es una posibilidad cierta que Bella experimenta y también se puede aprender de él.

Con “Pobres criaturas”, de Yorgos Lanthimos, encontramos una bocanada de aire entre tanto formalismo cinematográfico que va por la apuesta segura, cuyo propósito sólo se encuentra en el rédito económico. La recuperación de estilos cinematográficos retro, es más bien una recuperación sustancial de la creatividad artística. Esta obra fílmica es un aporte audiovisual a la necesidad de comprender la naturaleza humana, a través de un personaje inolvidable, Bella Baxter, quien nos recuerda que la inocencia existió alguna vez en cada uno de nosotros y hemos venido dejándola de lado, con las responsabilidades sociales que nos agobian cotidianamente.

viernes, 1 de diciembre de 2023

 

La última tentación de Ridley Scott



Las últimas películas de Ridley Scott han estado desprovistas de su sello personal  que lo catalogan como quizás uno de los mejores cineastas de su generación.  Parece que su trabajo actual tiene como objetivo saciar los intereses económicos de las productoras, con sus guiones sobre hechos históricos y personajes que viven en el imaginario de la gente como dignos de recordar, utilizando el cine como medio para lograr tal fin. Atrás han quedado piezas audiovisuales legendarias como “Los duelistas”, “Blade Runner” o “Thelma y Louise”, verdaderas obras artísticas dignas de admiración.

Ahora nos expone su “Napoleón”, protagonizada por el deslumbrante Joaquín Phoenix y la buena actriz Vanessa Kirby como Josefina. Es notoria la gran cantidad de errores históricos expresados en las batallas que se muestran en esta obra de 160 minutos de duración, como en las batallas de Austerlitz o la última batalla napoleónica, librada contra el duque de Willington en Waterloo. O el increíble lanzamiento de un cañón a la pirámide de Keops en Egipto que descalabra a uno de sus rivales en la caída de aquel. Asimismo, el exceso de banderas en las batallas que no pertenecían a la Francia que recién salía del Régimen del terror liderado por Robespierre, cuyas rayas verticales no se usaban para los años en los que Napoleón lideró sus batallas más importantes.

Pero más allá de estos hechos históricos falseados por las imágenes de esta obra fílmica, apenas alcanzamos a visionar a un ser humano dubitativo, lejos de la reciedumbre y la determinación que fueron propios de un emperador al que se le adjudican miles de muertos y que sepulta de una vez y para siempre el Antiguo Régimen. Varios de los momentos en los cuales aparece, resultan deslucidos, más caricaturescos que elogiosos de uno de los personajes más importante de la historia de Francia. Pero dicha historia no puede desprenderse de quienes lo rodearon, en primer término, de los británicos, que se convirtieron en sus más enconados rivales, de él y de su amado imperio francés. Las decisiones económicas de aquellos estuvieron jalonadas por la necesidad de mantener el predominio comercial con el resto del mundo, mientras Francia se expandía territorialmente, pero hasta donde los británicos se lo permitieron, y que es demostrado en los apoyos irrestrictos que ofrece a los enemigos del nuevo emperador que tiene la osadía de arrebatarle la corona al papa y ponérsela él mismo en esa cabeza maquinal y desbordada. El Napoleón de Ridley Scott es un intento por mostrar el drama personal de un hombre vertiginoso, sufriente y solo, lleno de ese vigor de líder que acompaña a los elegidos para emprender grandes campañas de conquista y reconquista, pero sin la felicidad que debe acompañarlos en su autorrealización personal. Sus lamentaciones por el amor correspondido a medias por Josefina, lo hacen ver como un hombre reprimido y sin control de su propio hogar. Las escenas sexuales, lo muestran como un eyaculador mecánico que aburrían tremendamente a su amada esposa. Sus breves diálogos con el duque de Wellington, hacen de la figura de Napoleón un tirano en decadencia que no tiene ingenio y mucho menos el valor para sobreponerse a sus derrotas.

“Napoléon” es un biopic que intenta mostrar demasiadas cosas sin tener la capacidad de hacer venerable ninguna de las escenas. Si bien, la dirección artística mete al espectador en la ambientación de un revolucionario del siglo XIX, luego de la caricaturesca ejecución de María Antonieta, provista con ese pelo largo y ensortijado a punto de probar la guillotina, tanta pompa colorísitica, no pueden complementar eficazmente la trama que tiene una duración increíblemente corta para narrar tantas cosas. Tal vez, si el guionista y el director hubieran centrado la obra en algún acontecimiento particular, hubieran impregnado más imaginación y más contundencia a esta película fallida.

Y de la impronta del actor protagonista Joaquín Phoenix hubiéramos encontrado más al gran actor que es. De su expresividad facial, tal como la encontramos en su “Gladiador”, por ejemplo, quizás nos hubiéramos sumergido en una de las actuaciones que nos tiene acostumbrados a recibir. Se ven artificiosas sus actitudes monológicas en varios momentos como el de sus rabietas frente a las infidelidades de su inquieta esposa, o los momentos de solemnidad, ante sus grandes conquistas, o la majestuosa coronación como el emperador que devolverá a Francia su antiguo esplendor, luego del dominio británico sobre ultramar. Sobre Vanessa Kirby hay que decir que sus silencios convencen, pero no determinan el curso de una actuación que hubiera resultado más memorable, como el personaje importante que fue, sobre todo, que marcó la vida de un ser humano más importante que ella para la historia universal.

En suma, este Napoleón habrá quedado para el olvido, y Abel Gance seguirá reinando como el director qua ha logrado penetrar un poco más en la figura del emperador.

Y es que una película que no pone las cartas sobre la mesa, debe suponer que un personaje histórico connotado, encaja fielmente con acontecimientos históricos que deberían narrase fielmente, tal como los anales de la historia lo predican, a menos que su intención, desde el principio sea otra.

No obstante, para las nuevas generaciones, que no tienen ningún interés por el pasado, sino que viven el momento únicamente, que olvidan rápido todo lo que aprenden o experimentan, “Napoleón” es una buena manera de recordarles o de enseñarles que una vez hubo un personaje que determinó la historia de Europa y que el poder del imperio británico lo doblegó a su entero gusto. Esa famosa realización de la idea, montada a caballo tal cual como pensaba Hegel, era más bien la realización de las ideas económicas que perseguían los imperios.

 

 


sábado, 21 de octubre de 2023

 

El sol del futuro

Jorge Abel Carmona Morales

Dalisur99@yahoo.com.mx

De Nanni Moretti

La última película del multipremiado director italiano Nanni Moretti es una balada triste que utiliza el humor negro para rememorar varios hechos de una época ida. La del cine libre, no ligado a las determinantes del mercado mundial. De aquellos autores que expresaban sus puntos de vista más íntimos, sin la presión del neoliberalismo que las plataformas virtuales imponen hoy en día, creando así la estética contemporánea y generando unos modos estandarizados de concebir la imagen. Lo recalca el director de “La habitación del hijo” en varias de las escenas de esta obra, competidora en la selección oficial del Festival de Cine de Cannes del año 2023. Por eso su vida se ha hecho un cúmulo de momentos que exudan monotonía por todas partes y que salpica de uno u otro modo a sus familiares más cercanos. Su esposa tiene la firme intención de pedirle el divorcio, pero el respeto que le profesa a este hombre reconocido nacional e internacionalmente, impide darle la noticia. Ella es la productora de sus películas y por eso entiende el proceso creativo de cada una de ellas. No obstante, sabe que el cine ha cambiado por la eclosión de un público nuevo que no parece hacerse demasiados cuestionamientos sobre los grandes temas político-filosóficos de la historia. Lo vemos en la película que rueda, donde se muestran las decisiones, los apoyos, las intenciones políticas del secretario del partido comunista italiano, Palmiro Togliatti, frente al apoyo que brinda a la Revolución húngara promovida por los estudiantes en el año 1956, en contra de los desafueros autoritario de la Unión Soviética. A este personaje trascendental para entender el desenvolvimiento de la izquierda italiana, el director le otorga un notorio protagonismo. De modo que mientras vemos una película que homenajea al mundo del cine a través de una mirada crítica de los nuevos procedimientos para realizarlas y para promocionarlas, también encontramos un punto de vista que admira lo que alguna vez fue y sucedió de otro modo, obviando lo que pudo ser una verdadera revolución para Europa.

Asimismo, lo vemos en momentos de tensión que se generan cuando el director le enseña a otro director sobre la importancia de ofrecer escenas que simbolicen algo, y no, que se conviertan en meros tips destinados a colmar las expectativas del gusto cinematográfico actual. Por eso cuando un personaje le apunta a otro con una pistola de frente y a unos pocos centímetros de distancia, aquel diserta sobre la intencionalidad de aquella escena, sobre la explicitud de ésta que realmente no le aporta nada al público. Giovanni se convierte, entonces, en un maestro que quiere enseñar lo que sabe por la experiencia de haber desarrollado una obra muy personal, solo pensada para satisfacer las obsesiones propias, de modo independiente. No pretende evangelizar a nadie porque es capaz de dar el brazo a torcer respecto a lo que predica porque al final sabe que es inevitable el avance de los nuevos tiempos.

Si bien “El sol del futuro” es una película que toma como excusa algunos hechos políticos, estamos frente a una obra existencial. La vida y la obra del director son dos versiones de la misma cosa. la ideología que predica en términos estéticos parece disolverse con la desazón que le produce la imposibilidad de atajar las oleadas de cambios que Netflix, los productores coreanos, el desinterés político de la juventud, reflejada por ejemplo en la pregunta que hace un muchacho al principio de la obra donde dice: ¿Hubo comunistas en Italia?, han impreso al campo fílmico mundial. Giovanni se siente como un dinosaurio, convencido de sus ideas y tal vez de su superioridad espiritual e intelectual respecto de las otras personas. Pero su pasión personal por la vida se expresa en momentos emblemáticos del filme como ese hermoso baile desprevenido que el equipo de la película dentro de la película desarrolla, con el atrevimiento de la espontaneidad al ritmo de esa hermosa “Voglio vederti danzare” cantada por Franco Battiato” o la introspección visual construida por “Y si tu no has de volver”, versión en italiano del gran Joe Dassin o la posibilidad de dejarlo todo así y abandonarse a una ráfaga de felicidad.

“El sol del futuro” no pretende ideologizar sino mostrar algunos aspectos autobiográficos del director, quien banaliza algunas situaciones a través de un humor estilizado que recuerda a otros directores italianos como Federico Fellini, en “8 y ½”. Por eso esta obra fílmica es un homenaje al séptimo arte por medio de personajes reales que tuvieron o tienen una existencia real, y sugiriendo además que el paso del tiempo también va convirtiendo en anticuarios a algunos autores que no han sabido adaptarse al mercado mundial actual. Desde este punto de vista, se lanza puyas a lo que la cultura contemporánea ha dejado en la juventud, pero no sin intentar mostrarle la deriva de lo que ha ocurrido, de los tiempos dejados atrás, de las visiones y de la praxis que de uno u otro modo han edificado la sociedad presente. El letrero rojo sobre el muro, con el cual inicia la obra fílmica, se va construyendo por partes hasta mostrarse como una idea gigantesca que se produce de modo artesanal, con lazos colgantes desde el filo superior, es un mensaje iniciático de compromiso con la elaboración artística del autor clásico.

Pero las paredes pueden permanecer obstaculizando el arte sino recordamos ciertas experiencias creadoras que los antiguos nos legaron como una declaración de amor para que jamás permitamos que se nos olvide.

 

domingo, 23 de julio de 2023

 

El día del asteroide

De Wes Anderson


La nueva comedia dramática del director, nacido en Houston, Wes Anderson, es un roce bastante serio con el drama porque muestra el poder del Estado sobre la sociedad norteamericana. Su contexto se establece en la década de 1950, en un momento donde la Guerra Fría contagiaba a todos los espíritus de la época, con la paranoia de persecuciones políticas y que permitieron a los gobiernos destinar recursos ilimitados para desarrollar novedosa tecnología militar.

“Asteroid day” es una paleta de colores que ayuda a componer una obra audiovisual de formalidad bella, continuadora de un trabajo estético serio, en el cual, el cineasta texano expresa su arte del mismo modo que sus trabajos anteriores con un tema político trascendental. Sus colores amarillos, rosas y verdes, pintan un decorado de cuento de hadas en un contexto de guerra, en el que los militares toman decisiones arbitrarias como el confinamiento forzado de la población civil, aduciendo la seguridad nacional. Y la amenaza de Estado consiste en la visita de un extraterrestre que se aparece en medio de una congregación de visitantes a un pueblo de 87 habitantes, ubicado en las profundidades del desierto del suroeste estadounidense. Ante tal eventualidad, las fuerzas del orden se ponen en guardia generando un estado de vigilancia plena. En medio de ese estado panóptico, hay familias e individuos que tienen sus propios dramas. Una familia de un padre y cuatro hijos, ha perdido a su madre y aquel tiene dificultades para contar lo sucedido a los niños; pero el hijo mayor está más interesado en investigar la naturaleza de los sucesos alienígenas, junto a una jovencita que tiene los mismos intereses intelectuales que aquel, pero con un poco menos de ingenio. El padre, se enamora de una actriz depresiva que ensaya sus papeles metida en una tina de baño, al otro lado de la ventana, desde la cual establecen contacto visual.

Esta historia, a color, es el resultado de una obra teatral que crea un dramaturgo que se encuentra con el director. La realidad de los años 50´s se desarrolla en blanco y negro, como una caja dentro de otra más grande. Ambos universos en algunos momentos se comunican y en los dos se expresan los dramas internos de los hombres y mujeres que se encuentran dentro de ellos.

Son notorias las campanillas del reparto que tiene esta película. Todos los actores y todas las actrices son famosos. Tom Hanks, Jeff Goldblum, Adrien Brody, Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Jason Swartzman, Brian Craston.

La crítica recurrente a la cinematografía de Wes Anderson tal vez es su mayor virtud, su notorio trabajo de acabamiento formal, versus su poco énfasis en lo narrativo. Los espectadores de sus filmes ya reconocemos inmediatamente su estilo, virtuoso, preciso y una imponente paleta de colores, que nos lleva a una pintura en movimiento. De sus encuadres creativos, sus simetrías estrictas, sus hermosos travellings que hablan de un trabajo escrupuloso de difíciles ejecuciones, podemos extraer un minucioso estilo con características uniformes que se repiten en cada uno de sus películas, hecho que es inevitable en un artista que lucha contra sus propias obsesiones, domándolas como un caballo de paso.

Los decorados cuentan con una meticulosidad admirable, de tal modo que los giros de 360 grados que realizan sus cámaras, muestran las locaciones del pueblo con su continuidad normal generando la sensación en sus espectadores de que semejante ambientación, es un conjunto de construcciones urbanísticas naturalmente puestas allí. El contraste estético adquiere coherencia con los caracteres y temperamentos de los personajes, que son proclives a expresar frases económicas, libres de arabescos, que alejan sus reacciones de personajes paisajísticos que existen en la realidad tal como la vemos. Las obsesiones de aquellos se funden con la formalidad estética. Pero el cuidado de los trazados estéticos, a veces obnubila las características de esos personajes que tienen un mundo psicológico propio, con ansiedades que exigen tratamiento.

Por eso, las críticas políticas y las críticas culturales que puedan extraerse de esta película, resultan invisibilizadas por los acabados estéticos. Los miedos de los personajes a situaciones apremiantes como la asunción de la responsabilidad por el cuidado de una familia. O el impacto de la noticia en los pequeños, sobrepasan las energías del padre. La amenaza extraterrestre, ayuda a paliar el conflicto, pero mientras los sucesos ocurren en la sociedad exterior, los personajes siguen atribulados. Los niños en la escuela no están motivados por los conocimientos impartidos por la profesora, pero rebosan alegría ante el baile que emprenden en medio de una clase. La soledad de un abuelo que decide viajar desde su rancho a recoger a sus nietos, muestra el abandono emocional de los ancianos en el panorama actual. La depresión evidente de una actriz que cuida de su pequeña hija, desnuda un ambiente de exigencias y presiones sociales hostiles a los actores de ese campo histriónico norteamericano. La crisis de creatividad que experimentan tanto el guionista como el director de la obra trasciende los universos temporales. La formalidad estética permanece del mismo modo  que la psicología comportamental de los hombres y las mujeres moldeados por una sociedad paranoica que tiene la firme convicción de mantenerse como la potencia militar y política más fuerte del planeta tierra.

Con “Ateroid day”, Wes Anderson reafirma su estilo. Inconfundible y preciso, hecho para sí, como lo siente y lo expresa y que a veces coincide con los gustos del gran público. Más allá de eso, nos encontramos frente a un creador auténtico.

miércoles, 21 de junio de 2023

 

La fragancia de los tulipanes


De Lukas Dhont


Las flores sanan. La belleza de la vida tiene tantos enemigos que pueden obnubilarla. Lukas Dhont, con su “Close” nos trae esta sutileza, sin más. No hay concesiones, ni puntos medios, ni excusas para ese mal irremediable llamado pudor. Los niños pueden ser el foco de desfases sociales que no tienen en cuenta, por más intentos de mostrar otra cosa, los sentimientos naturales de los hombres y las mujeres que van cambiando con la madurez de cada una de las personas. El director no necesita un inmenso presupuesto, en cambio tiene un talento sutil para crear atmósferas cargadas de sentimientos que se van generando gradualmente sin romper la continuidad narrativa propia de una buena película. Ya nos había regalado su admirable “Girl”, que busca indagar en el universo emocional de los seres humanos, sin más, sin esas miradas de género o de luchas sexualizadas que   a veces apartan a las historias de su verdadera intencionalidad, esa que explora el corazón humano, sin apellidos, ni etiquetas, ni conflictos sexistas.

El cineasta belga que apenas cruzó la barrera de los 30 se convierte así en un director imprescindible, sin el cual, el intento de comprender la evolución de los jóvenes actuales, en su camino pedregoso por una existencia que constantemente les pone nuevos impedimentos de expresarse libremente, se vuelve vano. Esta historia es eso. Remy y Leo son dos mejores amigos que comparten una serie de experiencias cotidianas que los une cada vez más, hasta que un comentario casual de una niña, en la secundaria, rompe ese idilio en el que viven ambos. Leo empieza a evitar a Remy. Este entra en un doloroso estado depresivo que termina mal. Pero el dolor es transmutable, se incrusta en el alma de Leo, sin muchas posibilidades de librarlo pronto. El duelo emocional de aquel jovencito no desaparece, en lugar de ello, persiste, se arraiga en su mente como si el peso de lidiar con ese sentimiento se hubiera vuelto una especie de expiación a la cual está atado por las circunstancias precedentes. La maestría de Dhont consiste en no dejar caer una historia que ya hemos apreciado antes, tal vez muchas veces, y, consigue no regodearse con un drama lacrimal, sino, con la sutileza de un artista sensible, que va hilvanando unos sucesos creíbles, con los tiempos justos, con unas escenas que son necesarias, con una construcción psicológica coherente, en la cual cada uno de los personajes se muestra sólido. La madre de Remy, desfoga comprensión y ternura, condiciones que Leo habrá de percibir plenamente si ha de soltar el sufrimiento de una pérdida para la cual no estaba preparado. Ella asume el papel de su madre temporal mientras la pena de sentirse abandonado por una presión social lo suelta. Leo se refugia en esa mujer que ha sufrido más que él, sabe que ha dejado algo suelto, que la verdad está en el aire, pero algo inconfesable no permite expresarlo. El temor y la culpa de contar sus verdaderos sentimientos hacen incrementar el dolor. La angustia de no declarar con la veracidad del caso todo lo que ocurrió es comprendida por una madre que ha perdido a su hijo, lo carcome. Su deshonestidad prolonga la incertidumbre de todos aquellos que amaron a su amigo Remy. Inclusive la suya.

El director deja flotando en el ambiente lo indeclarado, lo que sospechamos pero que no podemos asegurar, porque la ambivalencia de los sentimientos no se puede esclarecer fácilmente. Esa es la mayor tragedia de Leo, la duda o quizás la certeza de la nitidez que sus sentimientos siempre le han mostrado y ahora por la sombra de la moral, impide que aflore. Por eso los tulipanes que cultivan y procesan los padres de Leo aparecen una y otra vez, como principio simbólico de la contaminación de la autenticidad. Quedan sentimientos destructivos que habrá que dejar salir. La película muestra precisamente el proceso por el cual podemos empezar a sanar o a sanar del todo, no sin antes dejar bien claro que no será fácil. El otro apuntalamiento de Leo es su hermano mayor, porque funge como sustitutivo de la pérdida que ha experimentado y a la que debe hacerle frente. El contacto físico, las miradas, las palabras, los silencios se dirigen hacia él. Está en su naturaleza buscar los afectos que su corazón siente y que no puede expresar como quisiera hacerlo. El universo personal de los niños no admite concesiones o se desfoga totalmente o se reprime del todo.

Las imágenes, cargadas de una belleza naturalista no tiene pretensiones efectistas, sus propósito son funcionales a la historia, con la cual aporta una mirada rica y sutil sobre las pequeñas alegrías, las pequeñas frustraciones, el uso del tiempo libre, la construcción de pequeñas felicidades que están más allá del tiempo de los niños al cual los adultos no tenemos acceso, pero sí tenemos la posibilidad de dejar fluir con nuestra comprensión. Están compuestas meticulosamente, con pausas justas con movimientos estudiados que están en función de los sentimientos.

Lukas Dhont nos dice que detrás de las acciones existen miles de intersticios sentimentales que viven junto a nosotros pero que no percibimos por no hacer una pausa en la vida de los otros, por no aproximarnos un momento a eso que vemos como fenómenos sin fondo, pero que en realidad permanecen latentes, son un verdadero enigma, nos superan.

lunes, 22 de mayo de 2023

 

Rebelión


De José Luis Rugeles


El emprendimiento de un proyecto como éstos, requiere de mucho valor, de algo de locura y de harto aburrimiento. Lo primero, porque los intentos de mostrar la vida de Joe Arroyo han terminado en trozos biográficos límpidos y predecibles, pero sin ningún tipo de sustancia; la segunda, porque cuando se habla de un ídolo es arriesgarse a levantar una polvareda de la cual es difícil reponerse y; el tercero, porque pareciera que todo está dicho en una biografía y, una película, tal vez, sería una nota al pie de una obra ya cerrada.

Por eso José Luis Rugeles es valiente, insano mental y un ocioso desbordado. Su película: “Rebelión” del año 2022, logra saltarse los obstáculos previos y alzar un vuelo majestuoso que deja sin aliento a los espectadores que se arriesgan a ver esta maravilla de obra. Con recursos visuales que incitan al espectador a sumergirse en este marasmo de sensaciones, tan íntimas, verdaderos trances de creatividad, la cámara gira en todas direcciones con un ritmo de avance lento, sin esos saltos cuánticos que a veces desnaturalizan una obra fílmica. Las paredes no son impedimentos para que la imaginación y las notas que surgen en la mente de un genio musical, evadan los límites de las dimensiones físicas; Joe Arroyo, allí, en esa habitación, donde concibe sus piezas artísticas, es verdaderamente libre porque no tiene las ataduras del público. El tiempo es envolvente y su flujo es la posibilidad de explorar la realidad desde todas las formas de la percepción humana. El director está empeñado en imponer su punto de vista sin ignorar al personaje, tal como suelen hacerlo las películas biográficas. Esa obstinación creativa moldea un estilo en esta pieza cinematográfica a través de los colores oscuros entre interiores que explotan con los sonidos metálicos de las trompetas y de las teclas de ese piano que hace retumbar “Chelito” de Castro, cuando suena en ese cuartucho, “La rebelión”, tocado por músicos escogidos de modo personalizado por el maestro cartagenero, muerto en el año 2011. La escrupulosidad visual se impone en los detalles, las manchas en las paredes, el hongo del tanque del sanitario, esos pisos acabados y oscuros, el remolino de objetos que yacen esparcidos por el suelo, la cama destendida y poseedora de envolturas de cigariilos, frascos, cervezas, licores, las medias luces que apenas alumbran ese espacio sórdido son la vida del artista; lo constituyen a él en tanto son productos esenciales de su vida. No obstante, la claridad de las notas, fluyen de su cabeza sin ninguna mácula, lo vemos en algunas escenas memorables, cuando, de sus infiernos personales brotan sonidos que se hacen materia en la voz del “Joe”.

Su empeño por lograr la presencia plena de su África amada, invocándola desde las honduras más inescrutables a la realidad por medio de la música se puede apreciar en pleno en la escena de la grabación de “Rebelión”, en la que todos sus músicos de trabajo se reúnen. Todos tocan, suena el piano, luego los demás instrumentos, después Joe Arroyo canta, desgarrado, sudando, con el baile como su segunda piel. El cuarto coloreado de tonos rojos y marrones, es una gran concha acústica. De repente, el musico dice que todo ha quedado bien…Pero hay que repetirlo. El sudor de todos ellos no es suficiente para borrar esa intención del “Joe” de hacer una canción perfecta. Luego todo se va al carajo. Allí está: la lucha con el mundo reverdece otra vez. O está muy maduro para él o ya su tiempo se ha ido a habitar a otro lugar. Lo único que le importa es expresar sus sentimientos más íntimos de un modo veraz.

Su universo personal se había quedado en África. Por eso Joe Arroyo sentía el llamado de su pueblo como una condición de vida; la música, como su medio natural tenía que servirle para llegar a ella. Los estados alterados de conciencia los elaboraba con sonidos. Rúgeles nos propone mirar la vida del músico, no del personaje. Entre su existencia cotidiana y su música no hay diferencia. Los enredos de la burocracia vital, constituyeron frenos que distrajeron la creatividad y la apuesta de su vida hacia la posibilidad de encontrar sus  orígenes.

El actor John Narváez personaliza al personaje, lo hace suyo, lo trae a la vida física y le pone un cúmulo de sensaciones que se encarnan en cada uno de los movimientos, miradas, gestos que le incorpora.  Su actuación es digna de cualquiera de las mejores del año. Los libros: “El centurión de la noche” y “¿Quién mató a Joe?”, de el periodista bogotano Mauricio Silva, fueron el sustento investigativo con el cual, José Luis Rugeles, compone esta obra cinematográfica.

Lejos del tremendismo, la película, le rinde un homenaje a uno de los artistas musicales más importantes del continente, acercando la lente del espectador a los ojos de Joe Arroyo, por donde se va introduciendo hasta lo más recóndito de su alma. La intención, parece, no emitir juicios morales, ni reprobaciones estéticas, sino beber un poco del caudal de sensaciones vitales que conformaron la vida de un gran músico que sigue entre nosotros. “Rebelión”, puede abrir un camino distinto en el cine biográfico colombiano que de un modo u otro permita desmarcarnos del maniqueísmo con el que se ha tratado habitualmente. Las personas no pueden ser encorsetadas con rasgos de personalidad tipificados por el mercado fílmico. Hay que ponerse del lado de los personajes, sobre todo si están muertos, para rendirles un verdadero homenaje. Para ello, se necesitan: valor, locura y aburrimiento.

 

lunes, 9 de enero de 2023

 


Los reyes del mundo


De Laura Mora Ortega


Han cambiado los actores, pero el conflicto persiste, del mismo modo y en los mismos territorios. El cine que ha intentado mostrar esas realidades, en buena parte ha enfocado su mirada en situaciones problemáticas en las que los jóvenes se encuentran inmersos, porque no son protagonistas de un conjunto de sucesos a los cuales han sido arrastrados sin poder determinar el curso de esos acontecimientos, en su mayoría violentos. “Los reyes del mundo” de la directora nacida en Medellín, Laura Mora Ortega, continúa con esa tendencia que es producto de las condiciones sociales de nuestro país, pese a los esfuerzos de algunos líderes políticos de lograr una paz estable y duradera.

Esta obra cinematográfica ha recibido varios reconocimientos nacionales e internacionales, incluida la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián, en España. Su galardonado paso por el mundo es un esfuerzo estético importante de una mujer que ha querido mostrar la génesis del conflicto colombiano: la tenencia de la tierra. Los protagonistas de esta película son: Carlos Andrés Castañeda, Davison Flórez, Brahian Acevedo, Cristian Campaña y Cristian David Duque, cinco actores naturales que representan a cinco muchachos que salen de los extramuros de Medellín, debajo del metro, para emprender un viaje que busca llegar a Nechí, Bajo Cauca Antioqueño, con el fin de recibir por parte del Estado un pequeño predio que ha sido devuelto después de un despojo paramilitar, por medio de una sentencia judicial, luego de que la abuela de Ra, se la dejara en herencia. A la usanza de los road movie todo en el camino es una turbulencia de acontecimientos que dejan varias enseñanzas que convergen en la misma desazón, el hecho de que en Colombia no existe equidad. Ni la justicia ni la misma sociedad han emprendido un esfuerzo conjunto de equilibrar el modo de vida de los ciudadanos que habitamos el mismo país.

La película teoriza visualmente con la mezcla de felicidad y crueldad. La primera es una consecuencia de la segunda. Los personajes buscan paliar el dolor en los juegos que se inventan fruto de la compañía y de la necesidad de evaporar las penas con sus energías arrojadas al viento hasta que la tormenta llegue y se lleve tanta efusividad. Algunas escenas son condescendientes con el sufrimiento como el juego con las vacas que sueltan en medio de las mangas quebradas de esa Antioquia atrapada por los señores de la tierra, o los abrazos de las  meretrices rurales que aprietan a esos jóvenes en busca de consuelo, albergados en una casa desvencijada, con una bandera arqueada y descolorida y un escudo escuálido que cuelga de un pórtico estrecho, o esa hermosa secuencia del baño con manguera que trae el agua purificadora, con un fondo montañoso, mientras los cuerpos de estos niños se solazan a la intemperie. Y son los más humildes quienes les tienden la mano en ese penoso transitar por carreteras zigzagueantes, prendidos de las tractomulas que arrastran esas bicicletas desvencijadas. El anciano enjuto que los recibe en su humilde morada, les comparte un poco de comida y su techo y además les advierte sobre los peligros de aquel paisaje, gobernado por seres poderosos que pueden aparecer de pronto; como una especie de eremita se posa sobre lo alto de la colina para mostrarles el río que deben  cursar para llegar a su destino. Mientras aquellas personas que tienen algunas posesiones, haciendo funcionar la economía del territorio los desplazan, los segregan como parte de la dinámica productiva que los marginados no operativizan. Los hacendados los secuestran y los expulsan como parte de una política de ablandamiento social, haciendo uso de la fuerza física. Los dueños de la discoteca donde los jóvenes se embriagan saltando y bailando, los expulsan, les hacen saber que quienes mandan en aquel sitio son los lugareños y nada puede alterar el orden del territorio.

Finalmente, la funcionaria de la oficina de restitución de tierras transmite el mensaje estatal de inoperatividad. Ra, no puede entender la ineficacia de tanta tramitología ante un hecho que para él es evidente, su abuela lucho toda la vida por ese pedazo de tierra para que ahora no le reconozcan su derecho de habitarla como heredero natural, luego de que los paramilitares se la arrebataran con el fin de explotar el oro.

El mundo onírico de Ra es una necesidad espiritual que lo evade o le permite luchar con esa realidad tan envolvente. Su caballo blanco aparece en un lote entre dos calles de Medellín y detrás de un árbol de la rivera o en un sueño que impregna de misticismo la realidad de las calles de esa ciudad donde se ha naturalizado la violencia.

La película es una desenvoltura de sentimientos, de deseos insatisfechos propios de una voluntad edénica que no entiende de burocracia ni de razón instrumental. La única razón válida es el derecho natural de su abuela de poseer la tierra de la que fue expulsada. La conciencia de que la vida es efímera no mide el peligro. Por eso las peleas a puñal de aquellos jóvenes por una o por otra razón.  Ra, Sere, Nano, Winny y Culebro son cinco jóvenes marginados que solo se tienen entre sí. Ahí vive la grandeza del gran Víctor Gaviria con sus películas. Esos jóvenes son víctimas de la exclusión de la sociedad, que sufren el racismo, la marginación política y económica, que han aprendido a sobrevivir en la calle por el abandono estatal delegada por padres y madres ausentes.  Su naturaleza ha sido moldeada por el contexto en el que han vivido desde su nacimiento. Ese es su mundo.

 


jueves, 15 de diciembre de 2022

 

 

Huella y camino, Titán

Jorge Abel Carmona Morales




El 29 de enero del año 2017 se apagó la vida de Elkin Ramírez. Un hombre. La voz de miles de jóvenes que han visto un grado más de intensidad en uno de los ritmos musicales más innovadores, más auténticos y más insurgentes que haya dado la sensibilidad humana. El Rock. Elkin labró su carrera musical solo, invocando las buenas energías de amigos que lo acompañaron en el voraz camino de la creación artística, sin otra aspiración que la de transpirar hermosas letras y delicadas melodías que el normal fluir de la vida incorporó en su alma para devenir música en el irregular tránsito del espíritu por esta tierra. ¡Qué noble corazón transido de hermosura nos legó la vida! Apostó su tiempo y su energía por la elaboración parsimoniosa pero eficaz, de líricas sutiles y composiciones sonoras de agudezas inmortalizadas por el genio de estos ciento sesenta y tres centímetros de estatura. Porque la nobleza es eso. Entregarse sin condiciones a la única condición que dictamina la conciencia, buscar la felicidad colectiva develando las sutilezas que el universo desprende todos los días para que sus criaturas puedan lograr unos mínimos de convivencia posible. Se olvidó de sí. Pasó días interminables componiendo con el estómago vacío, pero con el alma llena de bellos sentimientos que han fluido en los acordes misteriosos de los instrumentos que dominó ¡Su voz es el pináculo del talento que compartió sin miramientos! Elkin, eres el rumor de las hojas de los árboles que conversan en la espesura de un bosque ceremonioso donde los titanes anhelan pisar tierra para reencontrarse contigo, Titan. Eres huella y camino, el recuerdo de un paso fugaz pero nutrido de creatividad, un fulgor que levanta fuegos de artificio en las ilusiones evanescentes de miles de jóvenes que aún no encuentran el sendero de vida.  Nobleza es eso. Luchar  contra todos en un país donde el arte está condenado a un cuarto oscuro, mientras los almidonados bolsillos de los dueños de todo dilucidan nuevas formas de ganar más dinero quedándose con la riqueza de la naturaleza y la cultura que  ha sido acumulada en pocas manos. La nobleza tuya dio lecciones invaluables a hombres y mujeres tocados por la superficie delicada de sus sueños, atacados por las obligaciones sociales, ignorados por los señores de la guerra. En este delirio de almas llamado Colombia, destacaste con tu música como un decorado de verdades incandescentes destinadas a cambiar una ética empobrecida por la precariedad espiritual y el mal gusto.  Tu perfeccionismo se convirtió en una lección para las nuevas generaciones; tus modales y tu exigencia, rindieron tributo a las buenas maneras y a la necesidad de hacer las cosas de otro modo, si queremos un mundo mejor. La nobleza de tu corazón inspiró esas poesías cantadas que han continuado la insistencia de ingeniosos bates, para que las personas no olvidaran jamás que el amor y la fraternidad deben anteponerse al intempestivo desborde de las pasiones y que su desenfreno incontrolado, atrae la muerte como un pasatiempo injustificado.   Titán, tú no te has ido. Renaces cada día con el oprobio del mundo. Eres nobleza pletórica de nuevas posibilidades donde la creatividad se dilata eternamente para que nadie olvide su misión en el mundo. Ensalzar la vida como el tesoro más preciado de todos aquellos que propalan la imaginación.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

El alma de las cosas

Jorge Abel Carmona morales


Silencio, Henry Füssli


Las cosas tienen alma. Refundimos nuestros pensamientos en el fondo de un cajón y luego, cuando los extraemos, sacamos también algo que ya no estaba. O mejor, sí estaba, pero de otro modo. No es que tengan otra consistencia, ni otro color, ni otro aroma. Sólo tienen un amasijo de recuerdos entremezclados que con el paso del tiempo aparecen extrañados para nosotros. Esa nostalgia de ver aquello que un día fue tan normal, que estuvo allí, al lado de nuestras horas casi sin tocarnos o que, tocándonos, no se hicieron notar, es un misterio. Tienen magnetismo. Ese paisaje de cosas es la constatación de que significan mucho para nosotros. No pueden estar al margen de nuestros días, pasan por la vida convirtiéndose en la nuestra.  Destapas la cajita nacarada de adminículos que has venidos acumulando en tu memoria, que han sido de tu madre o de tu tía o de tus hermanas mayores y desprenden un aroma de flores que murieron un día para renacer en el momento en que las citas para verlas. El tiempo se detiene, retoma un nuevo aspecto tan cercano en esos recuerdos permanentes, pero tan huidizos en esa plataforma de la memoria cercana. Se juntan todas las personas en un escenario de ojos que ven lo mismo que tú, pero que emanan impresiones distintas en quienes se atreven a levantar esa lapida inmortal de tus impresiones muertas. Sólo allí reconoces que el pasado tiene vida, que lo que llaman años idos es tan sólo la ratificación de que las cosas viven eternamente. Esa ciudad de muertos que se aparece en tu casa y birla el olvido, puede transportarte a la más intrépida de tus alegrías, o puede devolverte la capacidad de llorar sin que apenas lo sepas. O tal vez, pueda construirte un nuevo mundo al que preferirías irte a pasar el resto de tu vida.  Las cosas tienen vida. Son la vida de quienes se movieron contigo en la dimensión en donde decidiste pasar un momento a solas pero acompañado de almas que no te pidieron compañía y que te dieron su tiempo para compartirlo en un mal trago o en el más apoteósico de los instantes duraderos. Cuando ellas mueren, cuando no las ves y cuando destruyes su forma, distorsionas el pasado. Se achica o se agranda, se vuelve flexible como una varita de plástico delgada que no alcanzas a abarcar con tus manos. Así como las imágenes de las personas que quisiste y a las que has erigido como continuación de la materia que las cosas te regala, así has prolongado tu alma a través de los recuerdos.  Quizás una nueva vida no es cambiar de imagen sino cambiar de cosas. Asumir que las cosas no perpetúan mis recuerdos, deshacerse de ellas, es deshacerse de los otros. Esas cosas que vaciaron tu aliento hasta hacerlo un recuerdo, son el alma de lo que llaman vida.

 14 de diciembre del 2022 

martes, 6 de diciembre de 2022

 

El ruido sobre el estanque de patos


De Chris Smith


En el documental los autores tienen la oportunidad de expresar de modo más escueto las ideas que quieren mostrarle al público. Son confesionales, por eso conmueven, remueven y promueven una gama de sentimientos tan cercanos, tan íntimos, tan nuestros, que tal vez la ficción no puede. Las imágenes parecen tomadas de nuestra propia realidad. Comunican, son menos  mediación. Como el documental dirigido por Chris Smith, sobre la obra, la vida y la relación con su hijo del cineasta estadounidense Robert Downey Sr, un personaje tan original como los que describe en sus películas de bajo presupuesto, tan llenas de rebeldía. Títulos como “Putney Swope”, “Pound” o “Up the academy” fueron recibidas con entusiasmo por muchos críticos exigentes, no tanto por el gran público, que vio, en esas historias setenteras y en esos personajes bizarros, mensajes que nunca pudieron comprender.

La obra de este director adicto a la captura de imágenes espontáneas, obtuvo los suficientes adeptos como para que su nombre no quedara en el olvido y también le granjeó a las personas que supieron aplaudirlo y hasta quedarse a su lado para siempre como su primera esposa Elsie Ann, madre de sus dos hijos, incluido Robert Downey Jr. A este, su padre lo crio de un modo muy particular, más como un amigo de infancia que como su progenitor; lo inició en la adicción a las drogas ofreciéndole un cigarrillo de marihuana, en el momento en que su hijo probaba una copa de vino blanco; lo incorporó a los repartos de sus películas desde que éste apenas era un niño; le heredó ese humor negro tan característico de ambos que se refleja en cada una de sus películas. Lo curioso es que el viejo director, nunca tuvo el éxito que sí tuvo su hijo, pero su mundo cinematográfico siempre pudo expresarse de modo libre, su andadura por el arte tiene sus orígenes en cualquier imagen que su alma inconforme le mostraba. En el documental “Rittenhouse Square” podemos apreciar cómo el director se divierte filmando escenas en un parque con la libertad con la que un niño juega sin que nadie le interrumpa la alegría del atavismo infantil. De su vida llena de contrastes, el documental destaca las hermosas amistades que desarrolló con sus actores, la empatía que forjó con sus esposas y con sus hijos, pero sobre todo la personalidad descomplicada y atractiva para los demás, quienes nunca lo juzgaron. Su creatividad, estaba en el centro de su vida, una cámara como testigo de su mirada penetrante de la realidad que lo circunda. Como unas crías de patos que se pavonean en un estanque newyorkino mientras los edificios de la gran urbe intentan tragárselo todo; como el seguimiento de esas crías hasta que son adultas, en el mismo estanque y los ojos del director encima destacando las maravillas de las pequeñas alegrías que subsisten por debajo del glamour y la fama. A Robert Downey Sr, realmente le molestaba tanto protocolo, por eso cada vez que podía lanzaba sus dardos venenosos contra la gran industria cinematográfica. Lo hizo cuando tuvo la oportunidad de defender a su hijo por las acusaciones de adicción a las drogas y lo hizo con cada una de sus imágenes, sencillas, llenas de una gracia que sólo el ojo avizor de un artista es capaz de percibir.

Su obra es una colección de piezas independientes que nunca tuvieron los márgenes de taquilla suficientes para asegurar su siguiente proyecto. Vagabundos durmiendo en la calle, prostitutas callejeras, prisioneros deschavetados que luchan por ganarse un lugar en el mundo, son una serie de personajes salidos de cualquier parámetro. Las historias que contaba fueron creaciones propias, sin la intervención de productores capitalistas que pudieran trasquilarle sus ideas. Pero su principal obra fue la originalidad, el deseo de burlarse de todo sin pretensiones económicas ni publicitarias. Sus 20 años sumergido en la adicción a los estupefacientes, apenas le dieron respiro para expresar lo que había recopilado en su corazón durante tanto tiempo de oscuridad. El humor retorcido de sus películas estaba pintado de rebeldía juvenil que nunca pudo alejar de su vida.

La relación con su hijo estuvo llena de un profundo amor. La mezcla de huella artística e irresponsabilidad es palpable en las imágenes que el director del documental nos ofrece. Su hijo estaba siempre a su lado, de tal modo que el padre le pegó lo bueno y lo malo. Robert Downey Jr. es una prolongación artística de ese singular hombre que se fue a los 85 años en su natal Nueva York.  El último proyecto del viejo director es también el último suspiro de vida de todos quienes lo acompañaron en sus últimos momentos, presa final del Parkinson que lo aquejó durante la vejez. La robustez del padre es un testimonio de la valentía de un hombre por expresar libremente lo que veía, lo que pensaba. Así lo vieron sus allegados. Como un hombre sin pretensiones, pero con un talento enorme para captar la realidad menos trascendente, aquella que olvidamos por estar mirando hacia arriba.

El documental de nombre “Sr.” no es un homenaje infundado hacia el padre de una estrella de Hollywood. Es el homenaje a un hombre que labró su vida con plena libertad. Un personaje desencantado de sí. Alguien que supo burlarse de los otros porque ya estaba harto de burlarse de sí mismo.

 

lunes, 7 de noviembre de 2022

 

Sin novedad en el frente de Erich María Remarque




Ya son varias las adaptaciones cinematográficas que se han realizado de la novela: “Sin novedad en el frente”, escrita por el soldado de la primera guerra mundial, Erich Marie Remarque, cuyas vivencias en esa primera gran conflagración inspiraron las palabras que dieron vida a uno de los libros más influyentes del siglo XX. La de 1930, ganó todos los premios conferidos a las obras cinematográficas de la época, incluido el Óscar a la mejor película y a la mejor dirección.  Ahora tenemos la obra dirigida por Edward Berger y protagonizada por Félix Kammerer, quien en un convincente papel del soldado Paul Bäumer, nos regala una poderosa película que revive los horrores de la guerra y cómo se mantienen impresos en la conciencia de la humanidad.

El joven soldado Báumer, es seducido por las apologéticas palabras de un profesor que elogia las bondades de servir a la patria. Su entusiasmo rápidamente lo conduce a las trincheras occidentales en Europa, para darse cuenta al fin que tanta edulcoración oculta todo el dolor que implica meterse en las gargantas de la muerte. Todas las vivencias experimentadas por el soldado son declaradas como un solo sentimiento de miles de asesinatos de muchachos que nunca imaginaron que la alegría y el fervor que les inculcaron los líderes alemanes, eran funcionales a los intereses dirigenciales de políticos que pactaron un conflicto abstracto para ellos, mientras que, para los combatientes, se convirtieron en verdaderas tragedias sentidas en carne propia. La película trae una diferenciación de puntos de vista que se divide en tres partes: En primera instancia, los soldados recorren los campos empantanados, avistando al enemigo, y disparando hacia todos lados como máquinas que no tienen control. Paul mantiene intacto su amor por los amigos con los cuales se mete en esta guerra demencial; lentamente va descubriendo cuál era la verdad de aquello que le pintaron como un servicio al país. El director nos regla hermosas secuencias de acción violenta, en las que encontramos episodios dignos de rememoración. El fuego desperdigado sobre la humanidad de los soldados alemanes por parte de los soldados aliados mediante lanzallamas, potencian la locura de las acciones que los militares realizaron en los campos. La lucha cuerpo a cuerpo entre Paul y un contendiente francés, en el que el soldado alemán hiere a su adversario con varias puñaladas; luego el arrepentimiento que sufre   ante la vida que se extingue; las fotografías de su esposa e hija que extrae de su bolsillo, el intento por salvarle la vida y finalmente, la vida cegada por su propia mano; el llanto, la soledad de un hoyo en el campo mojado por la lluvia impregnada de sangre…

Por otro lado, los ingentes esfuerzos del político interpretado por Daniele Brühl, cuyo hijo murió en esa guerra, y que ahora intenta parar. No obstante, los aliados de la Primera Guerra Mundial, estaban decididos a lograr una abdicación total de Alemania. Más que una, buscaron la humillación que se prolongó hasta el año 2010, cuando esa potencia europea terminó de pagar sus onerosas indemnizaciones, producto del Tratado de Versalles de 1919. Edward nos muestra los afanes vindicativos de los vencedores. El director es enfático en el botín que se obtuvo luego de esta demencial guerra: sólo se corrieron unos metros las trincheras en el frente occidental, pero en cambio murieron más de cincuenta millones de personas.

Por último, las egocéntricas palabras patrioteras de un general alemán, no sabemos con certeza si es Ludendorff o Hindenburg, en las que, recluido en su ostentosa casa, junto a su perro a quien le da trozos de pollo, reflexiona sobre los esfuerzos que todo verdadero alemán debe entregar por una Nación poderosa. Esa prepotencia mezclada con el chauvinismo de los germanos, antes y durante la Primera Guerra mundial, se aunó a la humillación que padecieron por la venganza consignada en el tratado de Versalles y crearon el monstruo de otra guerra pavorosa que fue catalizada por la grandilocuencia y las pretensiones redentoras de un megalómano como Hitler.

Las poderosas escenas creadas por el director, evitan la melosería reflexiva que condenan la guerra con sentimentalismos audiovisuales. Por el contrario, hace uso de artificios que funcionan bien, como los silencios y los ruidos de relámpagos que anuncian el inicio de la guerra. La película no pretende ser una obra más de un episodio histórico que se encuentra en los anaqueles de una biblioteca, sino un conjunto de emotivas imágenes que permiten las reflexiones más profundas del sentido que tienen estos hechos para el ser humano. ¿Es la guerra parte de la naturaleza humana? ¿Se puede humanizar el horror que produce esta serie de actos tan crueles? ¿Tiene sentido exponer a tanta gente a la muerte para obtener una porción de territorio?

Por encima de todo, el director quiere mostrarnos las vivencias de hombres que han sido llevados allí, a los campos de la muerte donde se libra una guerra, sin saber, tal vez, las causas de ésta. El dolor en el rostro, las laceraciones, la mirada contaminada por los fuegos artificiales que producen los cañones, el paso de los tanques por los suelos mientras los soldados son destripados, son la verdadera guerra. No la de los políticos o generales que planifican en el papel como las estrategias que diseñan llevan a más jóvenes a la muerte.

El 11 de noviembre de este año,  nos recuerda los 93 años de haber terminado la Primera Guerra Mundial, y sigue hundiendo en nuestras mentes el fantasma de una nueva conflagración.

domingo, 14 de agosto de 2022

 

 Esperando a los bárbaros


De Ciro Guerra

 

El director colombiano, nacido en Rio de Oro, Cesar, en una entrevista dice que si la  vé en la cabeza y vale la pena que otros  vean, puede grabarla. Ciro Guerra, con su habitual honestidad cinematográfica se refiere a una obra fílmica que en Colombia ha pasado desapercibida cuyo nombre ya avizora el tema y las implicaciones que con él sugieren los desafueros y los excesos de las fuerzas colonizadoras en territorios ocupados: “Esperando a los bárbaros”, es una de las obras maestras del escritor surafricano J.M. Coetze. Guerra, con estas declaraciones refleja su vocación para el cine, retratando la vida mediante imágenes en movimiento que merecen ser compartidas para que otras personas puedan forjarse ideas diversas sobre el mundo personal de este artista nacional.

La participación de cuatro estrellas del campo cinematográfico actual, crean expectativas más altas para el público mundial sobre esta película. Mark Rylance, carga el peso de la trama al que se suman otros actores renombrados como Johnny Depp y Robert Pattinson. Aquél interpreta a un magistrado de un territorio inhóspito de algún desierto, como esos que alguna vez se apropiaron los imperios europeos, mediante la dominación militar y política de sus habitantes, y con la creación de instituciones autoritarias dedicadas plenamente a reprimir cualquier brote de insurrección. Las decisiones que ha tomado durante su estadía en aquel sitio, siempre tuvieron la intención de administrar la justicia del mejor modo posible, sin el ánimo de vulnerar los rasgos culturales de los pobladores vernáculos mediante la imposición irracional, sino mediante la concertación y con la pretensión de respetar los derechos adquiridos por ellos como primitivos habitantes de un territorio propio. La aparición de un enigmático coronel del imperio interrumpe la armonía implantada por la administración llevada por el magistrado. Sus tácticas basadas en “paciencia y presión”, son aplicadas de modo violento, bajo el pretexto de aplacar una posible rebelión cuyo propósito es el de atacar al imperio. La estampa imperturbable del coronel, sus gafas de sol, la reverencia de sus subalternos, sus métodos sanguinarios, son la muestra palpable de que los blancos colonizadores quisieron imponer su poder no sólo contra los nativos a los que dominaron sino a los rivales imperialistas que se disputaron el continente africano durante los dos siglos pasados. Johnny Depp construye un personaje eficiente con sus objetivos que están fundamentados en rumores de los cuales se desprenden los excesos y las vejaciones; su férrea defensa de los intereses de los colonizadores contrasta con su personalidad huraña. Y a ella se suma un subordinado incondicional, interpretado por Robert Patterson, que cumple con los objetivos del personaje. Si el coronel es un militar policromático, el teniente es un peón de comportamiento predecible.

La presencia de Chris Menges, el icónico director de fotografía inglés que participó en producciones fílmicas como “La misión” de Roland Joffé o “Michael Collins” de Neil Jordan, eleva la calidad de la obra. Su fotografía recuerda los paisajes de David Lean en “Lawrence de Arabia. Las condiciones agrestes del desierto, las rupturas del paisaje con los personajes que se dejan abrazar por el sol, así como la barrera artificial que constituye la fortaleza del imperio, le dan un clima de opresión a este drama.   Ese contexto opresivo tiende a aumentar debido a las torturas que padece la población nómada y el magistrado debido a la falta de confianza del imperio. Esa dicotomía que muestra la poca cohesión de las distintas autoridades se aprecia en la exuberancia de magnanimidad que el magistrado ha venido desplegando durante su regencia, en contraposición a la demostración de violencia que ejercen los militares contra los habitantes del territorio.

Ciro Guerra viene tratando estas temáticas en varias de sus películas. El encuentro entre maneras distintas de asumir una cosmovisión, las distintas perspectivas sobre la autoridad en la que los “vencidos” tienen voz, las sobreposiciones de los hombres frente a las adversidades que el paisaje le impone, el autodescubrimiento de los personajes en su tránsito físico por el mundo que impone su fuerza mediante lo agreste de la naturaleza. Su cinematografía, cada vez más, adquiere un sello de identidad por el cual es reconocido en el mundo entero.

“Esperando por los bárbaros” es una película que nos retrotrae a los peligros del colonialismo geográfico que hoy en día tiene características distintas. Como artista con preocupaciones políticas que atraviesa los flancos de la comprensión cultural por medio de las imágenes que construye, el director colombiano ha forjado una carrera sólida. Sus líos personales no han mellado esa capacidad de autosuperación fílmica que va en ascenso. Ahora, Miramax, ha visto en esta producción ítalo estadounidense al mejor intérprete de las palabras del premio Nobel de literatura, quien además es el responsable del guion.  Su trabajo con actores naturales que tanto éxito le produjo le permitió construir una cinematografía sólida en torno a historias locales que ahondan trascendentales ideas existenciales donde cabe la sustancia humana en toda su dimensión. Con las producciones que de ahora en adelante va a comandar, Ciro Guerra podría convertirse en el director colombiano de proyección globalizada. Más allá de los detalles técnicos, sus películas se abren campo en el cine mundial como un digno representante del arte latinoamericano.

La identidad como director es una buena excusa para mostrar problemas inherentes a la naturaleza humana. Los desafueros del poder en imágenes en movimiento son aplicables a nuestros contextos donde las inequidades políticas caracterizan la sociedad presente.